Nunca me había sentido tan extenuada. Ni siquiera en mis noches más locas y desordenadas. Mi cuerpo temblaba sin saber la razón concreta en un conflicto de sensaciones. -¿Quieres comer algo antes de llevarte a casa? -se preocuparía tiernamente Peter. Yo no supe ni qué contestar ante la nebulosidad de mi mente. Admití afirmando con el gesto que ambas cosas me parecían buenas opciones. Devoré el desayuno inglés que me ofreció aquella cafetería cercana, añadida en ese instante a mi lista de favoritas. Me esforzaría por recordar su localización en cuanto saliéramos de allí y nos pusiéramos de camino a casa. -Te acompaño...- dijo apoyándome en su férreo cuerpo mientras salíamos del coche hasta llegar a la puerta de mi adorado apartamento. Me sujetó con firmeza hasta quedar recostada en mi p

