¿Complicaciones? ¿Eso qué es?

2999 Words
—Estas ¡loca! si piensas que me voy a quedar fuera de este drama mi reina. Ya puedes ir empezando a soltar por esa boquita el por qué has salido, casi corriendo, de la sala con la excusa de hacer un pis. Me reí por lo bajo, aun alucinada por las casualidades. —Es que no te lo vas a creer, aún estoy flipando. ¿Te acuerdas de mi último encuentro s****l en el avión? pues uno de esos dos era el protagonista. El otro, Mario, es simplemente, un ex de secundaria, bueno... uno que me puso los cuernos con la que era mi mejor amiga. La cara de Richy era toda expectación y su expresión de asombro aumentaba según le daba más detalles. — ¿Y qué vas a hacer? —preguntó seriamente tras terminar de escuchar la historia —. Porque supongo que no te irás por esos dos. Negué meditándolo un segundo... ¿Huir yo? Eso jamás. No podía darles a entender que me importaba su presencia, ni mucho menos que aquello cambiaría algo. —No —decidí —, solo necesitaba tomar el aire y pensar con claridad. ¡He venido a divertirme y pienso hacerlo cueste lo que cueste! Volví a coger su mano y entré como si nada pudiera alterarme. Iría a la barra, ahora despejada y compartiría un "Margarita" bien dulce con mi mejor amigo, ahora que tenía toda su atención. Bailábamos su canción favorita con precaución, intentando no quedar bañados con las bebidas e intentando no poner atención a lo demás. — ¡Ay que ver como son algunos seres humanos! ¿eh? —gritaba Richy al oído, mientras yo me esforzaba en escucharle —. Prueban algo, que normalmente les es prohibido y automáticamente se enganchan a ello —Me volví para mirarle extrañada —. Si no, fíjate en esos dos, están como babeando mirando hacia aquí. Giré levemente la cara para ver de reojo como conversaban animadamente y volvían a centrarse en nuestra dirección. A saber, lo que se estarían contando. Conociendo bien el ego masculino, no dudaba que se estuvieran contando batallitas y lo más seguro es que yo fuera parte de alguna de ellas. Les gustaba eso de irse dando palmaditas en la espalda y golpes de pecho para mostrar qué tan machos eran. Un comportamiento de lo más absurdo a mi parecer. De repente la cara de Richy lo dijo todo. — ¡Mierda! Peter viene hacia aquí —decidiendo al instante salir despavorido de la situación. "Amigos para esto" Caminé hacia la barra en un intento de simular estar distraída, pero el camarero estaba demasiado ocupado como para prestarme la atención que necesitaba en ese instante de socorro. —Hola Olympia, ¿qué tal estas? Peter ya estaba a mi lado, tan cerca que no tardé en escucharle. No recordaba que tan sensual era su voz y qué cálido era su cuerpo. Su olor sí se me hizo familiar al instante, era embriagador. Me giré y le sonreí alegre. — ¡Bien! bueno, en verdad estoy genial. ¿Y tú? ¿Qué haces por aquí? —Pues la verdad, aun ni lo sé —confesó mirando fugazmente hacia los demás —. Pero quizá sea divertido. —Diversión y trabajo no siempre suelen ir de la mano —contesté fingiendo estar extrañada —. Pero, ¡felicitaciones! tú sí que sabes abstraerte —bromeé mirando su agradable sonrisa reflexiva. —Lo intento —concluyó —. Pero no ha sido cosa mía, al menos, no del todo. Notaba como intentaba no agobiarme, como si aun mi presencia le causara cierta amenaza. No demostrar su interés en exceso, hacerse el interesante estaba siendo su maniobra y por ahora me parecía la decisión acertada. —Me ha sorprendido mucho verte aquí. No me lo esperaba —"Créeme, yo tampoco" —. Y menos enterarme de que eras compañera de instituto de uno de mis socios —acepté con la cabeza en respuesta mientras le escuchaba y tomaba el último sorbo de mi copa —. Ahora creo que esta isla es más pequeña de lo que pensaba. —Sí que ha sido una sorpresa. Dudé sobre qué más podría contarle, así que volví a intentar llamar al camarero y darle un poco la espalda a su charla. — ¡Hola Oly! ¿Cuánto tiempo no? Vale ahora sí estábamos todos. Mi gozo en un pozo al ver que Mario también me hablaba desde mi otro costado. —Hola Mario —saludé con la mayor rapidez que pude, mostrando mi total desinterés. A fin de cuentas, nunca habíamos sido amigos tras su engaño en nuestro breve noviazgo adolescente. —Veo que ya conocías a mi socio y es de lo más curioso, ¿no crees? Puesto que Peter recién llegó a nuestra isla. Sin duda, una gran coincidencia. —Sí que lo es. Soy una chica de lo más sociable como ves... Peter tosió disimulando una carcajada y Mario le miraba sospechando de que se estaba perdiendo algo. —Como te dije, Olympia y yo veníamos sentados uno junto a otro en el avión y tuvimos una conversación de lo más entretenida durante todo el vuelo. Le miré aceptando su versión, algo confusa por la omisión de los detalles más jugosos. — ¡Qué curioso! —aceptó Mario conforme —Lo que es la vida... Bueno Oly, qué me dices ¿bailamos? Por los viejos tiempos... Le miré con los ojos bien abiertos de sorpresa por su intento de coqueteo, para luego reírme con cara de superioridad haciéndole esperar una respuesta. —No —reafirmé con mi cabeza —la verdad es que no me apetece nada bailar contigo, pero... —giré dramáticamente —, ¿qué me dices Peter, te apetece mover el esqueleto? Quise sonar tajante y despreocupada, dejarle en shock con una respuesta que no esperaba en absoluto. ¡Era de lo más divertido! Una reacción adecuada tras su demostración de chulería y desfachatez. Las facciones de su rostro cambiaban de vergüenza y consternación, al enfado y la arrogancia. Una vez más, su fingida galantería no me convencería de reforzar una amistad ya agotada. Años atrás, yo era demasiado inocente y confiada. Todas pasamos por esa fase de conocimiento de nosotras mismas. Él en cambio, era como la gran mayoría entonces, buscaba un fin de una manera poco disimulada. Agobiándome con mimos innecesarios, cumplidos surrealistas y todo ello con la simple idea de meter su parte de hombría bajo mis braguitas de niña ingenua. Nunca confié en él, su gen libertino era demasiado evidente como para plantearme siquiera el compensarle por ello. ¡Ay pobre, quizá le había causado un trauma! O tan solo me había convertido en ese objetivo por realizar. Peter no dijo nada, solo reaccionaba como espectador neutral a nuestro pequeño encuentro de tira y afloja. Me sonrió con diversión encogiéndose de hombros para aceptar mi invitación, ¡bien por mí! Le empujé ya bailando animada hacia la pista, llevando una vez más la iniciativa. —Me da que eso ha dolido —murmuró junto a mi oído. En respuesta le miré de frente y reí con satisfacción. —Supongo, aunque conociéndole, solo ha sido un rasguño en su alterado ego —hice una pausa para mirar a Mario. Este no nos quitaba los ojos de encima, disimulando estar tomando un trago tras otro —. No sé lo que te habrá contado, pero fue un capullo... —volví a mirar la reacción de Peter —. Aunque eso ya sea parte del pasado, no puedo tener una buena opinión de alguien como él. Mi acompañante pareció estar meditando lo que acababa de contarle o quizá solo intentaba no perder el paso de baile. Pero tras unos segundos, volvió a buscar mi mirada para contestar. —Creo que sé lo suficiente para imaginar qué pudo pasar. Igualmente, aclaro que Mario es solo mi socio, no mi amigo. He venido con él, solo por despejarme un poco y quizá, tengo que agradecerle el habernos encontrado esta noche. La intensidad de su mirada quería decir algo más, pero le dejé continuar guardando silencio —No he dejado de pensar en ti desde aquella tarde, en el aeropuerto. La noche se había tornado más interesante desde el instante en que Peter declaraba que buscaba algo más de mí. Suelo causar ese efecto, lo que no me sorprendía su repentina fascinación. Mis aventuras eran como un aliciente para buenos chicos con una vida monótona y quizá algo escasas de acción. Por desgracia en muchas ocasiones, sus estándares solían estar muy lejos de lo que conseguirían de mí. No le contesté, tan solo apoyé mi cuerpo al suyo, dejando que la música y el ritmo hicieran el resto. Su olor, su calor y ese movimiento de caderas acoplado al mío, encendió cada una de las fibras sensibles de mi anatomía, el resto del mundo parecía haberse evaporado mientras mi mente decidía cómo obtener lo que ansiaba. — ¿Quieres que salgamos de aquí? —susurré elevando mis labios a su oído. —Pensé que nunca me lo pedirías —bromeó mientras me acercaba. Nos dimos de la mano y caminamos juntos hacia la salida más cercana. Busqué un instante a Richy, pero no pude verle entre el gentío, Mario, por el contrario, seguía en el mismo lugar, con la mirada firme e incriminatoria en nuestra dirección. Era una escena tan teatral, que me dieron ganas de reír. ¿Acaso ahora se creía mi padre? Nuestras ansias nos hicieron apartarnos a pocos metros de la entrada, en una de las esquinas de la plaza que permanecía casi oculta por sus enormes y frondosos árboles. Allí, casi en la penumbra, nuestras bocas se juntaron con una pasión frenética, casi con desesperación. Nuestras ganas de más aumentaban al nivel de nuestros latidos y acaloradas respiraciones. Mis manos volaron bajo su delgado suéter para tocar el contorno de su piel que bajaba a su entrepierna. Podía sentir su erección junto a mi monte de Venus como si ya no llevásemos ropa, ¡madre mía cómo me ponía este hombre! No me importaba estar en plena calle, porque si él no pensaba en opciones, yo era incapaz de pensar en otra cosa que no fuera ser suya allí mismo. Sus manos elevaron mis pechos aun encima de mi ajustado vestido, bajaron a mi trasero para estrujarlo elevándome ligeramente sin ninguna dificultad. ¡Wow, no me esperaba ese arranque de fuerza! No podía evitar pensar muchas más opciones para probarlos aquella noche. De repente, su respiración agitaba se alejaba de mi boca en un intento de decirme algo. —Creo que no es el mejor lugar para estar realmente a solas ¿no crees? Sonreí fingiendo algo de culpabilidad, pero repentinamente un sonido nos alertó. Ambos giramos hasta ver la entrada del pub donde alguien nos llamaba tal como un padre llamaría a unos niños traviesos, "Olympiaaaa..." "Peteeerrr" Miré con cara de alucinada a mi extrañado acompañante, mientras nos acercábamos al lugar. "Tremenda manera de cortar el rollo" Mi humor comenzaba a empeorar y noté como a poco que Mario me picara, obtendría un poquito de mi irritación como recompensa. —Amigo, menos mal que te encuentro. Mario recibió a Peter como un auténtico amigo borracho. Le ponía una mano sobre sus hombros en un intento de buscar apoyo a su perjudicado equilibrio creando una sensación de complicidad. — ¡Ah! Y ahí está mi amiga Olympia, como no. ¿Sabes qué Pet? —preguntó estrechando su abrazo — Me caes bien. Y por eso tengo que advertirte sobre esta santurrona. ¡Sí, tú! —me señaló efusivamente — Este tipo de mujeres solo se las puede llamar calientapollas. De esas que te buscan para ponerte a tono y luego dejarte con ganas de más mientras se excusan en guardar su virtud para el momento adecuado. ¡Una estrecha es lo que eres! ¡Una "malfollada" y una amargada! Por supuesto, casi no podía aguantarme las ganas de reír a carcajadas ante tal espectáculo de palabrería absurda e inexacta hacia mi persona. ¿De verdad aun existía el hombre neandertal? ¿Había metido en el mismo monólogo de insultos las palabras santurronas, calientapollas preocupada por mi virtud, estrecha, "malfollada" y amargada? — ¡Lo has clavado Mario! —reí con ganas —. De verdad que no has acertado ni una. Pobrecillo. Qué mal beber tienen algunos... Vi en su expresión que mi reacción no había sido para nada lo que habría esperado. — ¿Ves? Una puta loca es lo que es —volvía a afirmar mirando a su consternado amigo. —No sabes cuánto —contesté ya con la rabia asomando por mi lengua bífida —. Además, ¿por qué no reconoces lo que de verdad te pasa por esa cabecita? —me acerqué más de manera intimidante —. Dilo, somos todos adultos, ¿no? Acepta que lo que te jode es que nunca te dejé follarme como tanto ansiabas, ¿no es así?... Eres un puto frustrado, un niño pequeño con pataleta porque le han robado su piruleta Esperé su reacción, mientras retrocedía alejándose de mí. —Pero espera... Quizá, yo puedo ayudarte con eso... —su cara era todo un poema entre la vergüenza y la confusión —¡Vamos, anímate y únete a Peter y a mi esta noche! Los tres juntos lo pasarías la mar de bien, ¿no crees? —acaricié con el dedo índice su pecho de manera insinuante para completar la propuesta, un gesto que ambos siguieron con espanto y consternación. —Loca, y ahora depravada ¡Vamos amigo, no merece la pena! Vi como ambos se deban la vuelta y volvían al pub. Peter miró sobre su hombro con una pregunta escrita en la expresión de sus ojos. No, por supuesto que aquella propuesta no iba en serio. No es que no tuviera algo de depravada, solo que Mario no me atraía en absoluto y por supuesto, jamás dejaría que consiguiera de mí lo que tanto deseaba. Mi respuesta se había basado más bien en dañar su ego de macho cabrío, esa clase de atributo era ajeno a la idea del sexo gay o incluso a ser parte de un trio con otro hombre en la ecuación. La jugada perfecta, así que ¡punto para mí! Aunque no estaba segura de haber ganado del todo al haberme quedado compuesta y sin amante. Cabreada y cachonda aun, me retiré decidida a volver a casa. Tendría que conformarme con una doble sesión con mi "Satisfyer" Un consuelo sin duda el tenerlo siempre preparado y a la espera. No podría compararlo, por supuesto, con las fantasías e ideas ingeniosas que Peter había despertado aquella noche. Imaginarlo totalmente desnudo a mi merced, dispuesta a darle unos preliminares acordes a mi lado morboso y más caliente. Chupar cada parte de su cuerpo y dejar que él hiciera lo mismo. Luego, probar en un lugar y en otro, encima, debajo y luego del revés. De espalda, a lo jinete o incluso al estilo perrito, a ritmo lento, o tan rápido que nos hiciera jadear. De todas las formas y sin pensar en parar. Mi mente estaba despierta, alerta, así que ver que alguien me seguía no me tomó por sorpresa. Miré el reloj, eran solo las tres y la parada de taxis estaba cerca. —Hola rubita — Ja... ¿Rubita yo? Va a ser cierto eso que dicen; noche todos los gatos son pardos. Seguí caminando ignorando todo intento de atención. — ¿Qué haces tan solita a estas horas? Si quieres puedo hacerte compañía. Pues mira qué amable y qué irónico intento de no parecer un asesino en serie escondido en los callejones. —Gracias, pero me va bien así —quise sonar tranquila y apresurada, como si alguien me esperara más allá del camino. —Pero... ¿Por qué tanta prisa guapa? Uf, este tío era tan absurdo como me temía, pues con paso vacilante y mano firme alcanzó a sujetarme para atraparme entre el frio muro y su asqueroso cuerpo sudoroso. — Mm, hueles muy bien. —Ojalá pudiera decir lo mismo —contesté asqueada huyendo de su mal aliento mezclado de ron y tabaco. Sus manos me sujetaban con fuerza ambos brazos, pero este tío no sabía realmente quien era yo, ni siquiera que esa no era mi primera vez en una situación así de delicada. Mi mente hizo una leve escapada a los movimientos que tan bien tenía aprendidos, una situación complicada, una reacción inesperada. El efecto sorpresa nunca fallaba. Y así lo hice. Mis manos no eran necesarias para que mi rodilla alcanzara con un brusco impacto a su entrepierna, justo allí, en su parte más blanda y delicada, haciendo que se alejara de mí retorciéndose de dolor. "¡j***r mis huevos!" Rematé con un cabezazo en su cara acertando casi de pleno en su prominente nariz, y mi toque personal antes de irme de allí, taconazo en la superficie del pie más cercano a mí. —La próxima vez te pensarás mejor el atacar a mujeres en los callejones, pedazo de mierda con pantalones. Los quejidos e insultos del perjudicado alertaron a alguien más que se acercaba en plena oscuridad. — ¿Olympia, eres tú? —reconocí su voz al instante, pero, ¿qué hacía él allí? — ¿Peter? Sí, soy yo. —Pero, ¿qué ha pasado aquí? ¿estás bien? El aspirante frustrado a violador salió corriendo medio doblado, en un intento de no alcanzar más golpes aquella noche. —Yo estoy bien, pero ese no tanto. Su carcajada en respuesta retumbó en el solitario callejón, lo que me hizo mirarte algo atolondrada. Se acercó con expresión divertida. —No sé por qué no me extraña —para luego tomarme en sus brazos y darme un suave beso en los labios. Un aperitivo de lo que nos esperaba el resto de aquella noche.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD