-¡Jamás había visto a alguien tan torpe!- gruñó enojado caminando nervioso por mi habitación. Bufé con fastidio, las matemáticas no son lo mío definitivamente. Nada es lo tuyo Lancé un gruñido de cansancio y "apoyé" mi cabeza en el escritorio frente a mi. Claro está que como la persona poco desarrollada cerebralmente que soy, me golpeé demasiado fuerte haciendo que mi cerebro se sacuda un poco. La estruendosa risa de Ethan llenó cada espacio de mi cuarto e inundó mis oídos inyectando una especie de droga que relajó cada centímetro de mi cuerpo, así como anestesia. Ethan Domms había reído de verdad. No una sonrisa torcida ni una mueca graciosa. Había sido una carcajada que si bien era causada por mi torpeza y dolor, era hermosa de oír. -¿534?- pregunté mirando mi hoja en un lamentabl

