Ella abrió los ojos y se encontró atrapada en el reflejo del espejo frente a ellos: él, imponente detrás de su figura frágil, ella, con ese collar que brillaba como un sello de pertenencia. Tragó saliva, incapaz de sostener la mirada. Shura sonrió, apenas, como si leyera cada uno de sus pensamientos. —El precio de usar mi marca es que debo enseñarte lo que significa. —Sus dedos se deslizaron lentamente desde el cuero del collar hasta la línea de su garganta, descendiendo por su esternón. —Shura… —balbuceó ella, con el cuerpo encendido en alarma y deseo. —Mírate —la interrumpió, obligándola a enfocarse en el espejo—. Eres fuego contenido, Ava. No lo niegues. Ella apartó la mirada, pero él sujetó su rostro con firmeza, girándoselo de nuevo. —Aquí no existe el pudor. Solo tú y yo —su vo

