El murmullo elegante de copas, pareció enmudecer cuando Ava cruzó el umbral, del brazo de Shura Nilss. Los presentes la observaron con el interés cruel con el que los depredadores huelen la sangre nueva. Y ella lo era en ese mundillo corrupto. Las mujeres la escanearon con desdén maquillado de cortesía. Los hombres la devoraron sin pudor. Y Shura… no dijo nada. No necesitaba hacerlo. Su presencia bastaba. Alta, oscura, inquebrantable. Su brazo la guiaba, pero sus ojos no la miraban. Porque sabía que todos sí lo harían. —¿Quién es ella? —¿Una amante? —No… ¿no la viste? Se dice que es su sumisa. —También dicen que es su prometida —argumentó un hombre. —¿Es una heredera? —No. Es la hija bastarda de los Lancaster. —Entonces es cierto. Nilss los está devorando desde adentro. Ava no

