Salimos de la casa dejando a todos atrás en la sala. Cada paso que daba se sentía como si mi cuerpo se volviera más pesado, como si una parte de mí se negara a seguir avanzando. Me dolía alejarme de Lucas de esa forma, pero sabía que era lo mejor. No podía permitir que siguiera corriendo peligro, y mucho menos soportar la sensación de que, con cada segundo que pasábamos juntos en este caos, nuestra relación se desmoronaba poco a poco, como arena escapando entre los dedos. El silencio entre nosotras era denso, lleno de pensamientos no dichos y sentimientos guardados por demasiado tiempo. Ninguna de las dos parecía dispuesta a romperlo, como si temiera lo que saldría a la luz si lo hacía. Seguimos caminando hasta que estuvimos lo suficientemente lejos de la casa como para que nadie pudiera

