" El silencio en la mansión no era normal. No era paz, ni calma… era la antesala de una tormenta que estaba a punto de devorarnos. " Llegamos a la mansión sumidas en una conversación trivial, como si quisiéramos convencernos de que todo estaba bien, de que la normalidad aún existía en nuestro mundo. Francheska y yo intercambiábamos anécdotas sin importancia, algunas incluso repetidas, pero nos resultaban gratas. Quizás porque, en ese momento, lo único que deseábamos era reír, olvidar, fingir que nada acechaba en la sombra. Sin embargo, esa frágil ilusión se desmoronó en cuanto cruzamos el umbral. El silencio en la sala de estar cayó como un golpe seco, deteniendo mi risa en seco. Me tomó solo un segundo notar que algo no estaba bien. Todos los que estaban en la habitación —Lucas, Mariss

