Cerré los ojos con fuerza, abrazándome a mí misma mientras las imágenes de lo sucedido volvieron a mi mente, como una película que no podía apagar. El dolor en mi pecho era palpable, pero al mismo tiempo, algo dentro de mí me decía que todo esto tenía que suceder. Lo había intentado, lo había querido con todo mi ser, pero el destino, como siempre, tenía otros planes. —En serio lo siento, no quise…— su voz quebró la quietud de la noche, y por un momento no supe qué decir. Lo miré, y vi en sus ojos la sincera tristeza que había llevado todo este tiempo. Era un dolor compartido, aunque ya no quedaba nada entre nosotros. —No te preocupes— interrumpí, aunque mi voz temblaba un poco. Me giré para mirarlo, con una leve sonrisa forzada en mis labios. —Era tu mate y yo solo una chica con la cual

