A la mañana siguiente, cuando Donatella se despertó, su joven doncella Elois ya estaba allí preparándole un baño. Las pinturas desechadas de Armand que había dejado caer al piso esa noche, estaban bien ordenadas sobre la mesa que había utilizado él para colocar sus herramientas. El cuadro que había hecho de ella seguía donde ella lo dejó. Una vez que él se fue, no tuvo el valor de mirar la pintura. No pudo hacerlo sabiendo que la mujer que había plasmado no era ella sino su amor. Luisa. Luisa. Odiaba infinitamente a esa mujer, la odiaba con todo su corazón. Porque si ella no lo hubiera engañado, él no se hubiera sentido con la necesidad de limpiar su nombre, su honor. Él nunca se hubiera acercado a ella con la cara de un hombre que fue herido profundamente y la hubiera convencido de que

