Cuando llegaron a la mansión, Armand estaba lo suficientemente excitado como para iniciar una discusión acerca de si ella estaba demasiado cómoda con sus personalidades como para aceptar sus besos y caricias. Él fue quien pronunció los votos matrimoniales, él que se casó con ella, pero era el que menos obtenía de Donatella. Estaba molesto, porque él no se atrevía a tocarla por orden médica, pero eso no parecía un problema para sus otras versiones de sí mismo ni para la misma Donatella que, al parecer no se les podía resistir. Llegaron hasta sus habitaciones, él pasó a la de ella, cuando Donatella había pensado que se seguiría a la suya. —No puedes tener relaciones sexuales, pero las tienes. Y con el pintor. ¿No hicimos un trato? —mencionó con molestia apenas ella cerró la puerta de su ha

