Isobel. Dentro hay muchos más guardias, dos cosas rectangulares y grandes tapadas por lonas y en medio de todo eso está Williston sentado en un trono con una copa de sangre en la mano. Una preciosa vampira en un minivestido parada junto a él, apoyándose con indolencia en el respaldo de su trono. Todo esto es peor de lo que yo creía. ―Has sido perfectamente puntual, tal vez te recompense por ello, querida mía ― una sonrisa socarrona y retorcida adorna su rostro de mármol. Alabastro, susurra esa parte secreta de mí. No le hago ni caso. ―Corta el rollo Williston sabes porque he venido. ― Claro, el siervo humano― le hace un gesto a sus hombres, que quitan la lona que cubre uno de esos extraños objetos rectangulares. Debajo aparece una mesa de metal, sobre la cual se encuentra una espe

