Capítulo 5

1561 Words
Nicholas se maldijo por siquiera considerarlo. No, no le daría un trato especial solo por lo atractiva que le resultaba. Él no era esa clase de hombre. Era un académico, y al terminar su tesis, se había convertido en uno respetado. Era mejor que esto. Emelie lo estaba provocando a sabiendas con su cuerpo, y él no la dejaría ganar. Pero cuanto más lo pensaba, más se daba cuenta de que ese tipo de comportamiento no encajaba con lo poco que sabía de la personalidad de Emelie hasta ese momento. Sin duda era una chica popular y, al igual que los demás estudiantes de West View, provenía de una familia adinerada. Pero nunca se había mostrado consentida, pretenciosa ni manipuladora. Sabía que era imposible que ignorara lo atractiva que era, pero presentía que apenas se estaba dando cuenta del efecto que podía tener en un hombre considerablemente mayor que ella. Emelie regresó al frente de su escritorio y comenzó a empacar sus pertenencias, pero luego se rozó la mochila con el frente de su cuerpo. Nicholas estaba seguro de que se correría en sus pantalones cuando por fin vio las bragas de Emelie. Fue breve, y probablemente accidental, pero solo un segundo al ver esa diminuta e inocente tela blanca de algodón fue suficiente para volverlo loco de deseo. "¡Gracias por su ayuda, Sr. Carlisle!", gritó Emelie, saliendo de su oficina. ****** ****** Emelie salió del aula con una inmensa satisfacción y orgullo. Apenas podía contener la emoción mientras caminaba por el pasillo, rumbo al patio para reunirse con sus amigos a almorzar. Carlisle sin duda la había estado observando y admirando. Tenía suficiente experiencia con chicos como para reconocer fácilmente la mirada de un hombre excitado sexualmente. Pero había algo diferente en la forma en que Carlisle la miraba, y presentía que no se debía solo a que era su profesor. Su mirada era dominante y poderosamente lujuriosa... casi peligrosa, a diferencia de la forma transparente y excesivamente excitada en que la miraban los chicos de su edad. Era profundamente emocionante. Quizás sus faldas fueron la clave para sacar mejores notas en la clase de Carlisle. No le importó en absoluto, pues la idea de que él la mirara con lujuria la hacía sentir algo poderosa... y muy s****l. "¿Dónde has estado?" preguntó Tessa. Emelie se sentó en su mesa habitual, bajo los grandes árboles en una zona sombreada del patio. "Oh, acabo de reunirme con Carlisle para hablar del artículo. Realmente no quiero dedicarle mucho tiempo este fin de semana", respondió Emelie. Los ojos de Georgina se entrecerraron con picardía. ¿Por Jake? ¿Planeas pasar todo el fin de semana con él? —¡Dios mío, es cierto! ¿Él bajará para acá o subirás tú a la fraternidad? —añadió Shelby. A Emelie le llevó varios minutos recordar su cita con Jake. Con toda la emoción de que Carlisle la admirara, había logrado olvidar por completo la cita que había estado esperando toda la semana. "Vamos a quedarnos aquí mañana por la noche", respondió Emelie, extendiendo la mano para coger la bandeja de almuerzo que Shelby le había traído. Sus amigas la miraron con recelo mientras daba un gran mordisco a su burrito de bistec y aguacate, su plato favorito de la cafetería. Sin inmutarse por las miradas incómodas, Emelie empezó a comer sus papas fritas de tres en tres. —Uf, te odio —se quejó Georgina, picoteando su ensalada. Emelie se encogió de hombros. —No te va a matar, Georgie —bromeó Emelie, extendiendo ligeramente el wrap a medio comer. Georgina se apartó al instante, disgustada. "Entonces, si no vas a pasar todo el fin de semana con él, ¿qué haces ? ¡Harley puede invitarnos a otra fiesta!", sugirió Shelby. Emelie se encogió de hombros y bajó la mirada hacia su comida, perdiendo repentinamente el apetito. Después de sus tratamientos de spa con su madre el sábado por la mañana, Emelie había planeado pasar el fin de semana con Sam en su centro de rehabilitación. Su madre le había hecho prometer que no le contaría a nadie sobre los problemas de drogas de Sam, prefiriendo justificar la continua ausencia de su hijo mayor con "otro semestre en el extranjero". "Eh... mi papá mencionó que quería que fuéramos todos a la casa del lago este fin de semana. Es para fortalecer los lazos familiares. Así que probablemente no estaré hasta el lunes por la noche", respondió sin comprometerse. Tessa y Georgina parecieron creer su incómoda mentira, pero Shelby pareció sospechar. Emelie le dirigió una mirada privada y suplicante y, a sabiendas, con la percepción que sólo una mejor amiga podría tener, Shelby asintió rápidamente y mencionó el próximo partido de bienvenida. ****** "Señorita Woods, llega diez minutos tarde. Cierre la puerta y tome asiento en la primera fila", dijo. Emelie asintió, bajó la cabeza y caminó lentamente alrededor del escritorio hacia la silla del centro. —No en la silla, Emelie. Siéntate justo en el escritorio, donde pueda verte —le indicó. Emelie tragó saliva, sin saber muy bien qué quería que hiciera. —Ahí tienes, Emelie. Súbete al escritorio —le animó. Ella le obedeció en silencio y saltó ligeramente ante el frío contacto del escritorio de madera contra la piel caliente de la parte posterior desnuda de sus muslos. Miró a Carlisle, esperando a que le dijera qué hacer. Tragó saliva mientras él se quitaba las gafas y cruzaba sus musculosos brazos. —Te estás quedando atrás, Emelie. Hay un concepto muy importante que aún no dominas —dijo. Su voz era severa, pero sus ojos azul pálido tenían un brillo juguetón que la hizo sentir un cosquilleo entre las piernas. "¿Puedes ayudarme?", preguntó. Sus labios se curvaron en una sonrisa lenta y seductora. —Tengo la intención de hacerlo, Emelie. No te irás de esta clase hasta que te corras —dijo con un brillo travieso y provocador en los ojos. Emelie se mordió el labio inferior, intentando con todas sus fuerzas reprimir un grito de emoción. "Quítate las bragas y abre las piernas", ordenó Carlisle. Pensó en resistirse... sabía que debía resistirse. Pero su voz era como una orden dirigida a su cuerpo. Emelie sintió inmediatamente que levantaba las caderas mientras se bajaba los calzoncillos blancos de algodón con un ligero movimiento, sacándoselos de los tobillos. Miró a Carlisle, esperando ansiosamente su siguiente instrucción. "Abre las piernas, Emelie. Necesito verte", dijo. Se mordió el labio inferior de nuevo y se reclinó sobre el escritorio, apoyando los talones en el borde. Separó las rodillas temblorosamente y sintió que su coño se apretaba instintivamente cuando la mirada de Carlisle se posó de inmediato en su parte inferior desnuda. Su rígida fachada se quebró de repente, y Emelie supo al instante que ahora controlaba la situación. Carlisle observaba su coño expuesto con avidez, lujuria, codicia, peligro... con la boca ligeramente entreabierta y la respiración agitada. Tenía los ojos muy abiertos, fijos en su cuerpo, y se lamió los labios mientras seguía observándola. Disfrutando de su nuevo poder, Emelie empujó ligeramente sus caderas hacia adelante, deseando que él disfrutara de verdad lo que veía. Quería, no, necesitaba, que la mirara con esa poderosa lujuria. Él emitió un gemido profundo y suave, casi como si le doliera, antes de volver a mirarla a los ojos. "Ahora tócate..." ****** ****** Nicholas hundió la cara en el cuello de Emelie mientras penetraba furiosamente su estrecho canal. El sonido de sus dulces y agudos gemidos de placer lo excitaba como un animal salvaje. Empujó sus caderas contra las de ella con furia, destrozando sus estrechas paredes con su rígida polla. "¿Te... gusta cómo se siente esto, Emmy?", gruñó Nicholas, mirándola. Emelie asintió frenéticamente, incapaz de encontrar las palabras. "Córrete, Emelie. Córrete mientras estoy dentro de ti", gimió Nicholas, metiendo la mano entre sus cuerpos febriles. Se hinchó aún más al tocar el clítoris hinchado y húmedo de Emelie. "Ohh... Sr. Carlisle", gimió Emelie, retorciéndose bajo él. Nicholas sonrió, admirando verla debajo de él mientras la complacía, masajeándole el clítoris con intensidad. Sintió que Emelie se apretaba de forma imposible a su alrededor mientras gemía su nombre, y su dulce fluido brotó a su alrededor. La fuerza de su orgasmo lo estimuló, y explotó profundamente dentro de ella, llenándola con su carga... ****** Nicholas abrió los ojos, con el corazón latiéndole con fuerza. Su cuerpo estaba cubierto de una gruesa capa de sudor, y para su vergüenza, sus sábanas estaban manchadas con los fluidos de su deseo por Emelie. A sus treinta y tres años, había tenido un sueño húmedo con su alumna de dieciocho. Fue humillante, y Nicholas empezó a preguntarse cuál de los dos era realmente el adolescente. Salió de la cama a rastras, quitó las colchas y las sábanas y se dio una ducha fría para intentar calmarse. Pero, una vez más, su deseo solo aumentó. Los sueños se volvían mucho más frecuentes, mucho más vívidos. Nicholas estaba seguro de poder sentir la dulce y cálida humedad de Emelie a su alrededor. Estaba seguro de haber oído su voz lujuriosa gimiendo su nombre. ****** ****** Emelie se despertó de golpe por una fuerte, casi dolorosa, sensación palpitante entre las piernas. El corazón le latía con fuerza en el pecho y todo su cuerpo estaba cubierto de sudor.
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