La oyó respirar profundamente y Nicholas se sintió inmediatamente abrumado por la culpa. Pero tenía que hacer lo correcto. —Pero... ¿y si quiero que me ayudes? —preguntó Emelie en voz baja, acercándose a él. Nicolás se alejó un paso de ella y meneó la cabeza. —Emelie... no. Eso no puede pasar —dijo con firmeza. La miró al ver que no respondía, y Nicholas sintió un vuelco en el corazón, presa de una profunda culpa. Se dio cuenta de que intentaba parecer fría, o quizás enfadada, pero era pura superficialidad. Sus expresivos ojos revelaban una profunda desesperación que, según él, iba mucho más allá de lo que le había dicho. Casi parecía estar suplicando algo. Definitivamente, esta no era la chica normal, feliz y despreocupada que esperaba. Algo le había pasado durante el fin de semana

