Os juro que hice cuanto estuvo en mi mano. Dejé de verla, no contesté sus correos, le ponía excusas cada vez que acudía a mi despacho. Ella insistía en que aquello no tenía nada de malo, pero yo sentía que sí. Era mi alumna y, encima, le llevaba más de quince años; no, aquello no podía continuar. Pero cómo olvidar aquella única mamada... cómo olvidar cómo me había dicho que podría hacer con ella cuanto quisiera... Una cosa era ser fuerte, y otra pasar página. Al principio me impuse una férrea disciplina: nada de cotillear sus r************* ; dos semanas después me la pelaba como un mono, nuevamente, con sus fotografías de i********:. Me la machacaba con María cada día, sin excepción; varias veces cuando me tocaba darle clase. Y no pasó mucho tiempo hasta que empezase a plantearme ceder a

