El primer día que vino a clase intuí que Andrea, una alumna chilena de intercambio, era una verdadera zorrita provocadora. Estaba sustituyendo al profesor titular y, desde mi tarima, observé cómo miraba a los chicos, sonreía y embaucaba al pardillo junto al que se había sentado, imagino que para hacerse con sus apuntes y aprovecharse de él. Anoté su nombre en mi agenda, como candidata a nueva putita para mi uso y la vigilé unos días para ver si se cumplía lo que había supuesto de ella. Por su actitud en clase y por cómo se comportaba en los pasillos con sus nuevos compañeros, solo tenía una duda… o era una calientapollas profesional, o necesitaba que le dieran rabo de verdad. Desvelé el misterio en la recepción de bienvenida organizada para los alumnos de intercambio. Iba a pedir una copa

