—¿Estas segura? –Pregunta Leandro después de veinte minutos en silencio. Cuando le explique los síntomas y el posible diagnostico solo nos llevó a su auto y arranco para llegar cuanto antes a casa. Todo su cuerpo se encuentra tensionado. —Enserio crees que t — tenga… —golpea el volante frustrado—. Maldición ni siquiera puedo decirlo. —Deseo con todo mi corazón que no sea cierto .. Pero mi tesis se trata de ello y pase muchas horas investigando y viendo con mis propios ojos los sínto… Guardo silencio cuando esa sensación bastante conocida se instala en mi garganta. Respiro hondo tratando de controlarme y de no llorar. En estos momentos tenemos que estar serenos y pensar con la cabeza fría como dice mi madre. Pero, una cosa es decirlo y otra muy distinta hacerlo. No existe calma para

