Se ríe con ganas mientras corre. Su risa es fresca, juguetona, bastante despreocupada. Sigue corriendo, yo sigo detrás de ella, pero si yo quiero, yo la alcanzo. Solo la estoy dejando jugar un rato. A diferencia de lo que la cría del carajo cree, yo sí corro y bastante. Me ejercito tanto como ella lo hace y tengo bastante resistencia también. Pero ella insiste en joderme con llamarme viejo. La alcanzo, la tomo por detrás levantándola por la cintura con todas las intenciones de volver a la casa. Esto es propiedad privada, sí. Aquí nadie la verá, eso es totalmente cierto. Pero me rehúso a que se desnude aquí a fuera y alguien, a cientos de metros desde el balcón de su casa o su yate, pueda verla, sacar fotos y difundirlas solo por morbo. Patalea, pero no logra zafarse de mis brazos. Yo sig

