—Aunque me encara tenerte en lencería en la cocina, prefiero que lo hagas cuando vivamos solos y no en compañía —volteo a verlo y justo en ese momento, me tira en la cara una camiseta —. Vístete. —Estamos solos. —No me importa. Vístete porque el repartidor en cualquier momento llegará y lo menos que quiero en este momento es ocuparme de él si algo de ti llega a ver. Ruedo mis ojos, pero termino poniéndome la camiseta. —No pretendía abrirle la puerta en ropa interior al repartidor, Eros… —espeto, pero luego sonrío al darme cuenta de que no es la camiseta que yo me adueñé, sino otra. Esta es negra—. Oh, nueva adquisición. —¿Y quién te ha dicho que lo recibirás tú? —enarco mi ceja, viéndolo a él ponerse la suya—. Con respecto a lo otro, me gustan cómo se te ven. Es todo. —¿Te emociona v

