—¿Qué le hiciste a la recepcionista? —pregunto al cerrarse ambas puertas de acero. —¿Por qué consideras que yo le hice algo? —inquiere y yo miro hacia arriba con mis manos dentro de mis bolsillos—. ¿Acaso me estás culpando de algo? «¿En serio cree que soy pendejo?» Sé lo tremenda que es, sé que tiene una lengua filosa y sé muy bien que, con una sonrisa, suelta su veneno. Y me encanta, eso me encanta de ella. Mi pregunta no es porque considere que le hizo algo. Ella sin duda hizo algo, pero a mí me importa una mierda lo que sea que haya hecho. Si mi leoncita sacó las garras, fue por justa razones porque del resto ella no anda peleándose a diestra y siniestra con los demás. Siena actúa inocente, actúa como una mansa paloma que no hace nada hasta que la buscan, hasta que la encuentran y es

