Capítulo 2: El Colapso

1669 Words
El sonido del motor del coche de Liam alejándose fue lo último que registré antes de cerrar la pesada puerta de roble de mi penthouse. Eran casi las tres de la mañana. El silencio de mi hogar, un espacio que yo misma había diseñado con techos de doble altura y ventanales que enmarcaban el horizonte de la ciudad, se sentía como un bálsamo necesario tras el caos de la gala. Liam había insistido en subir, pero yo estaba demasiado agotada incluso para el amor. Me había despedido de él con un beso suave en el vestíbulo, prometiéndole que hoy sería el primer día de nuestra nueva vida como los arquitectos más exitosos del país. Recuerdo su sonrisa bajo la luz tenue de la calle: una mezcla de orgullo y un cansancio compartido. —Descansa, futura señora Ferrera —me había dicho, guiñándome un ojo antes de entrar en su coche. Caminé por el pasillo de mármol, dejando mis tacones esmeralda olvidados cerca de la entrada. Me sentía ligera, flotando en esa burbuja de éxito que solo se consigue tras años de sacrificio. Fui directa a la cocina por un vaso de agua, dejando mi bolso de mano sobre la encimera. Mi celular vibró una vez dentro de la seda del bolso, pero lo ignoré. Vi el destello rojo de la batería —apenas un 2%— antes de que la pantalla se desvaneciera a n***o. Mañana lo cargo, pensé. En ese momento, nada parecía más importante que el tacto de mis sábanas de hilo. Me quedé dormida en la inmensidad de mi cama king-size, sola pero satisfecha, pensando que los ojos oscuros de Dante Thorne en la gala solo habían sido una mala jugada de mi imaginación cansada por el exceso de trabajo. Me desperté por la luz del sol golpeándome la cara con una agresividad inusual. No escuché ninguna alarma. Me estiré, sintiendo el cuerpo pesado y la boca seca. Mi primer pensamiento fue para Liam; me imaginé que ya estaría en su propio apartamento, preparándose para la reunión con los inversores del Skyline Center. Me puse una bata de seda y caminé hacia la cocina. El silencio de mi penthouse, que siempre me había parecido un signo de estatus, hoy se sentía extrañamente denso. Fui directa a mi bolso, saqué el celular muerto y lo conecté al cargador junto a la cafetera. Mientras esperaba a que el teléfono reviviera, me preparé un tazón de fruta con una calma que, minutos después, me parecería una burla cruel del destino. —Hoy es el día —susurré, dándole un sorbo a mi café. El celular emitió un pequeño bip. Lo prendí mientras terminaba mi desayuno, esperando ver un mensaje de buenos días de Liam. Lo que sucedió a continuación fue como si los cimientos de mi realidad se quebraran de golpe. El teléfono no dejó de vibrar durante tres minutos seguidos. Notificaciones de prensa, 142 llamadas perdidas, cientos de mensajes, correos urgentes. Mis manos empezaron a temblar antes de que pudiera leer el primer titular. Abrí la aplicación de noticias. Mi corazón se detuvo. "FRAUDE EN EL SKYLINE CENTER: LA FIRMA STERLING & CO. BAJO INVESTIGACIÓN CRIMINAL" Debajo, una foto de Liam, desorientado y esposado, siendo sacado de su edificio de apartamentos por agentes federales. La noticia se había publicado hacía apenas media hora. —No... no, no, no —mi voz sonó como la de una extraña. Hice scroll frenéticamente, con la respiración entrecortada. "Se descubren desvíos millonarios a cuentas offshore vinculadas a Liam Ferrera". "Pruebas de negligencia estructural: el diseño de Jade Sterling bajo sospecha de fraude de materiales". "Sterling & Co. entra en quiebra técnica tras el embargo preventivo de sus activos". El tazón de fruta se resbaló de mis dedos, rompiéndose contra el suelo. Los trozos de cerámica volaron, pero no los sentí. El aire en mi cocina se volvió denso, como si el oxígeno hubiera sido reemplazado por ceniza. Mi teléfono volvió a sonar. Era Sarah, nuestra socia administrativa. —¿Jade? ¡Jade, dime que estás viendo esto! —Sarah estaba hiperventilando—. No vayas a la oficina. Está llena de federales. Se lo llevaron todo. Dicen que Liam firmó préstamos fraudulentos usando la firma y tu propio penthouse como aval. ¡Jade, han bloqueado todo! —¿De qué estás hablando, Sarah? Liam no haría eso... él no sabe nada de finanzas complejas... —mi voz se quebró—. ¡Anoche ganamos! ¡Alguien nos está haciendo esto! —¡No sé quién es! —gritó ella entre sollozos—. Alguien entregó un dossier anónimo a la fiscalía a las cuatro de la mañana. Tenían todo: números de cuenta, transferencias con firmas digitales, correos electrónicos que parecen escritos por nosotros. Jade... la firma ya no existe. El edificio de la oficina... lo ha comprado un holding de inversión hace diez minutos para saldar las deudas de los préstamos. Se llaman Aegis Capital. Nunca había oído hablar de ellos, pero han ejecutado el embargo en tiempo récord. Sentí que el mundo giraba. ¿Aegis Capital? No conocía a nadie allí. No teníamos enemigos tan poderosos... ¿o sí? —¿Cómo pueden comprarlo tan rápido? —pregunté, luchando por no desmayarme. —Jade, huye. Hay prensa fuera de tu edificio. Alguien nos ha vendido, alguien nos ha destruido desde dentro. Colgué. El silencio que siguió fue peor que los gritos de Sarah. Caminé hacia la ventana y aparté ligeramente la cortina. Abajo, en la entrada de mi complejo de apartamentos, tres camionetas de prensa y un coche de policía estaban estacionados. Mi mundo perfecto se había derrumbado mientras yo dormía. Me vestí de manera mecánica: vaqueros negros, jersey de cuello alto, botas. Tenía que ir a la comisaría. Tenía que ver a Liam y entender quién nos estaba haciendo esto. Salí por la puerta de servicio, esquivando a los reporteros por el callejón de carga. Caminé durante veinte minutos bajo un sol que se sentía hiriente. Cada quiosco tenía mi cara o la de Liam en portada. Éramos los villanos de la ciudad. Al llegar a la comisaría central, el ambiente era de una hostilidad palpable. —Quiero ver a Liam Ferrera —le dije al oficial tras el cristal. —¿Nombre? —Jade Sterling. Soy su socia y su prometida. El oficial levantó la vista, sus ojos llenos de desprecio. —El señor Ferrera está en aislamiento. No puede recibir visitas. La fiscalía ha pedido prisión preventiva por riesgo de fuga. —¡Es un error! ¡Él no es un criminal! —grité, perdiendo la compostura—. ¡Alguien ha manipulado las pruebas! ¡Busquen quién es Aegis Capital! ¡Busquen quién entregó ese dossier! El oficial ni siquiera parpadeó. —Señorita Sterling, le sugiero que se busque un abogado. Su firma es la que aparece en la mitad de los documentos de negligencia estructural. Si yo fuera usted, me preocuparía más por su propia celda que por la de su novio. Salí de allí como una sonámbula. No tenía a dónde ir. Mi tarjeta fue retenida por el cajero automático. Mi penthouse estaba sellado. Me encontré caminando hacia nuestra oficina, por puro instinto. Al llegar a la esquina, el corazón se me rompió. Estaban arrancando el letrero de bronce con nuestros nombres. El hombre que supervisaba todo llevaba un traje gris y una carpeta con el logotipo de un escudo plateado: Aegis Capital. Me senté en un banco de madera cercano, sintiéndome la persona más pequeña del universo. ¿Quién tenía tanto poder para borrar una vida en ocho horas? ¿Quién nos odiaba tanto? Pensé en todos nuestros competidores, en cada contrato ganado, pero nadie encajaba. Nadie era tan... quirúrgico. Fue entonces cuando un Bentley n***o, imponente y silencioso, se detuvo frente a mí. La puerta se abrió y bajó un hombre alto que reconocí de inmediato. Era el asistente que estaba junto a Dante Thorne la noche anterior. —Señorita Sterling —dijo con una calma insultante. —Usted... —lo miré, con los ojos inyectados en sangre—. ¿Qué hace aquí? ¿Viene a burlarse de lo que ha pasado? —Vengo a entregarle una invitación —dijo él, ignorando mi rabia. Me tendió un sobre n***o, pesado y elegante—. El señor Thorne se ha enterado de su situación a través de las noticias. Él tiene un respeto profundo por su talento y cree que lo que le está pasando a su prometido es... lamentable. Con manos temblorosas, abrí el sobre. No había nombres de empresas, solo una nota breve con una caligrafía perfecta: > "Las estructuras que no pueden sostenerse por sí mismas están destinadas a la demolición, Jade. Liam no es lo suficientemente fuerte para sobrevivir a lo que viene, pero tú podrías serlo. Te espero en mi oficina a las ocho. No llegues tarde. No estás en posición de rechazar al único hombre que sabe exactamente cómo limpiar tu nombre y el de tu prometido." > Apreté la nota. Por un segundo, una chispa de esperanza me recorrió: ¿Dante Thorne quería ayudarme? ¿Él sabía quién era Aegis Capital? ¿Él podía salvar a Liam? Pero entonces recordé sus ojos en la gala. Oscuros. Posesivos. No era ayuda lo que ofrecía. Era algo más. Algo que me daba más miedo que la propia cárcel. Pero mientras miraba el espacio vacío donde antes estaba el nombre de mi empresa, supe que no tenía otra opción. Él era el único cabo suelto en este caos. —Dile... dile que estaré allí —susurré. El asistente asintió y se retiró al coche. Me quedé sola en la acera, con la nota de Dante quemándome la mano. No sabía quién era el culpable de mi ruina, pero estaba a punto de entrar en la oficina del único hombre que parecía tener las respuestas. Y en el fondo, una parte de mí sospechaba que estaba a punto de cambiar una prisión de cemento por una de seda y acero.
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