"Y sos mi debilidad, Isabella." Y la besó. No fue un beso suave. No fue el beso de una cita romántica. Fue un shock. En el instante en que sus labios tocaron los de ella, fue como si un cable de alta tensión hubiera hecho tierra. Fue un beso de desesperación, de hambre contenida, de semanas de furia, control y una posesividad que él mismo no entendía. El sabor a whisky y café caro la inundó. Sus labios eran firmes, exigentes, pero debajo había un temblor. El "monstruo sentimental" estaba exponiendo su herida. Isabella quedó congelada por un segundo, su cerebro incapaz de procesar el cortocircuito. El hombre que la había enjaulado, que la había llamado "perro", que la había convertido en su soldado... la estaba besando. Y ella... Ella, en contra de toda lógica, en contra de todo ins

