Capítulo 4 EmmaCinco semanas después… Entro en El Foso y el sonido de todas esas voces parloteando a la vez me pone de los nervios. Igual que todos los días. Y como todos los días que entro en el trabajo, miro a través del Foso hacia el despacho de mi padre, donde lleva desde probablemente las siete de la mañana. Mi padre, el abogado, al que no me parezco en nada. Un hombre que disfruta con el hecho de poder llevar pantalones de mezclilla al trabajo y participar en un tipo de lucha a puño limpio de teatro legal. Prefiere estar en un juzgado y enfrentarse a los abogados más duros, y en casos que no tienen demasiada importancia en el gran esquema de cómo funciona el mundo. Es decir, son importantes para la gente que representa, pero su trabajo no da forma ni moldea el curso de la ley. Se

