-Laura, creo que tenemos visita.
-¿Visita? - Se escuchó por el manos libres.
-¿Me estabas espiando, Virginia?
-Amelia, ¿de verdad está contigo? Es increíble.
-Lo... Lo siento, prima, yo...
Su mirada se dirigió a mis pezones erectos. Se pasó la lengua pos sus labios, haciendo que despertara mi sexo al instante.
-Como se enteren mis padres... Nos matarían. Lo sabes, ¿verdad?
-Sé que he hecho mal, pero estaba yendo al baño y...
-Les voy a decir que me estabas espiando. ¿Tú sabes la bronca que te va a caer?
-No les digas nada, por favor. Te prometo que no era mi intención.
-¿Has oído, Laura? No era su intención.
-Lo escuché perfectamente. Se ha metido en un buen lío, tu querida prima.
-¿Crees que podemos hacer algo para olvidar este desagradable incidente?
Amelia colocó el móvil en horizontal, y le dió a la vídeo llamada. Apareció una chica, que supuse que sería Laura, completamente desnuda. Un ramalazo me sacudió la espalda.
-Claro que podéis... Me pilláis en un momento... Calenturiento.
-Ven, primita.
Como una perra dócil, me acerqué a ella. Me besó en los labios lentamente, mientras mis pezones se erguían ante la situación.
-Vaya... Parece que a alguien se le han erizado un poquito los pezones. ¿Quieres verlo, Laura?
-Por supuesto.
Movió el móvil, de tal forma, que se nos vio a ambas. Y, al otro lado, Laura, comenzaba a meterse un dedo en su coño.
-Me gustaría verlos sin ninguna tela encima.
-¿Estás segura? - Preguntó Amelia, mientras recorría mis pezones con un dedo, juguetonamente.
-Por supuesto.
Y, sin previo aviso, me arrancó el camisón, dejando mi cuerpo desnudo, ante aquella desconocida que nos observaba desde el otro lado.
-¿Ves como tiene un cuerpazo?
-Y tanto... - Jadeó Laura, que comenzaba a introducirse ya dos dedos - Follatela.
Y lo hizo. Despacio. Me tumbó en la cama, y sus labios acariciaron el interior de mis muslos, haciendo que arquease mi espalda. Mis manos, se dirigieron a mis pezones, que retorcieron lentamente.
-Tienes un coñito hermoso, primita.
-Fóllame. No aguanto más.
Los jadeos de Laura, se escuchaban tan claramente, que mi cuerpo entero se erizó, debido a la excitación.
-Tienes que ganártelo.
-No seas zorra, Amelia - Dijo Laura - Que estoy a mil.
-Primita, tienes que darme un orgasmo antes.
Se colocó frente a mi, y abrió sus piernas, mostrando su almeja mojada. Colocó las manos alrededor de ella, recorriéndola lentamente. Indecisa, acerqué la boca a su botoncito, que lamí, con vergüenza.
-Vaya lengua más viperina tienes, zorrita. Puedes moverla mejor, y lo sabes.
Mi lengua aceleró poco a poco, mientras Laura, arqueaba la espalda, y sus gemidos llenaban la habitación.
-Asi, zorra. ¿Ves como lo haces muy bien?
Mis manos acariciaron su cintura, mientras se escuchaban sus jadeos y los de su amiga por la habitación. Me excité tanto, que oriné, sin querer en su cama. No dije absolutamente nada.
-Ven aquí - Dijo, de repente.
Cambió de nuevo el portátil, y lo colocó de tal forma, que se nos viese en el suelo. Me zarandeó por el pelo, tumbandome. Me asusté por la excesiva violencia.
-Abrete de piernas, primita.
Obedecí, intuyendo por donde iban los tiros. Me excité sobremanera. Mi coñito comenzaba a chorrear lentamente. Y más que chorreó, cuando ella colocó su sexo junto al mío, y comenzó a moverse lentamente.
-Dios, Amelia. Espectacular.
Miré furtivamente al portátil. Laura había alcanzado un consolador, que metía y sacaba con rapidez. Notar el coñito de mi primita entre mis piernas, hizo que la vergüenza me embargara. Pero, debido a la excitación, se olvidó en segundos. Se movía como una auténtica Diosa, mi querida prima.
-Qué rico, primita. Siempre soñé con frotar nuestros chochitos - Gimió.
-Me encanta que seas tan zorrita, prima - Dije, animándome.
Nuestros sexos aceleraron sus movimientos, haciendo, de nuevo que mis piernas flojearan de placer. Estaba a punto de correrme. Supliqué a mi prima con la mirada que no se detuviera.
-Me corro. No aguanto más - Se escuchó a través del portátil.
Imaginé como Laura mojaba sus sábanas, sin apartar la mirada de la pantalla, viendo como dos mujeres daban rienda suelta a su pasión, y mi excitación se acrecentó aún más. Acerqué mis labios a los de mi prima, torpemente. Nuestros sexos chorreaban. Estábamos en el Olimpo de los Dioses.
-Me corro - Anuncié - No aguanto más.
-Correte, primita. Moja todo el suelo.
Y, sin pensar, me levanté, coloqué mi clítoris debajo de la boca de mi prima, y la bañé con mis flujos, que ella recibió, ronroneando de placer, mientras su mano, frotaba, incansable, su clítoris. Tardó apenas segundos en correrse.
-Dios mío. Sois zorrisimas. Me habéis llegado al corazón.
-Pues, cuándo queráis, repetimos - Dije, juguetona, mientras besaba a mi adorable prima en los labios.
Desde entonces, un par de días a la semana, Laura ve a dos primas que dan rienda suelta a su pasión. Jugando a ver quién es la más zorra.