Narra Hilda. Después de irme de la casa de Daniel, Mercedes me dio asilo en su departamento, desde que llegué no se ha atrevido a preguntarme, sin embargo, se lo podrá imaginar, ya que ella también está pasando por algo similar con aquel desgraciado que sólo se burlo de ella. Y ahora me encuentro en sus brazos llorando como una magdalena. —Llora, querida amiga, desahógate. —Dice mientras pasa su mano por mi espalda. —¿Por qué? Creí que al fin se había enamorado de mí, y ahora resulta que sólo se estaba burlando de mí, fui un juego para él. —No paro de llorar. —Que te puedo decir. Al parecer tenemos mala suerte en el amor. — Ella también está sufriendo por aquel idiota que le rob*ó su pureza. —En eso tienes razón. —Digo soltando un suspiro. Meche se levanta del sillón y se dirig

