Narra Hilda ¡Dios! Tuve que esconderme en una pequeña oficina para no encontrarme en medio de esa tormenta, aun sigo sin comprender el cómo apareció esa mujer justo en el momento en el que Daniel me besó. Quizás venía con él, y mientras ella esperaba, el otro se aprovechó de la situación. Sé que aún lo amo, pero… no quiero ser la otra, y quizás fui muy impulsiva al divorciarme de él después de haberlos encontrado en una escena tan desagradable como esa, pero ¿Qué podía hacer? me dolió ver a mi entonces esposo foll4nd0 con esa arpía y pues… bueno ya saben lo que pasó. —¡Eres un maldito! ¡Lo sabía! ¡Eres amante de esa estúpida! —¿Amantes? Está loca si cree eso, bueno sólo estuve en su noche de bodas con el hombre que amo, sin embargo, nos dejamos llevar por el calor de nuestra discusión.

