Narra Hilada
Sé que me he portado cortante con mi esposo, pero se lo tiene muy merecido por todas las veces que me ha negado como lo que soy, su esposa.
Por otra parte, le pedí a Damián que me ayudara a darle celos a su padre y él encantado de hacerlo.
—Buenos días, hermosa. – Lo invité a desayunar antes de que se vaya a la empresa.
—Buenos días. – le doy un beso en la mejilla.
Ambos tomamos asiento y esperamos a que nos sirvan el desayuno. Y veo que deja un sobre en la mesa.
—¿Qué es? – Pregunto con curiosidad.
—Ábrelo y mira por ti misma. – Y así lo hago.
Y es una invitación a una fiesta por parte de los Fernández. Una a la que supongo que Daniel no me llevará, sino a esa pe**a. No me extrañaría.
—¿Ya tienes con quien ir? – Lo miro y está muy sonriente.
—Por supuesto que sí. – De seguro a una de sus conquistas.
—Entiendo… —Y antes de que pudiera decir algo, me interrumpe.
—Como sé que mi padre no te llevará… —Ni que me lo recuerde.
—¿Me quieres invitar? —Pregunto sorprendida y él asiente.
—Pero ¿Por qué? Digo, puedes invitar a una de tus tantas conquistas. —Digo con ironía y comienza a reírse.
—Porque quiero ver como se arrepiente mi padre de no haberte llevado en lugar de esa mujer. —Y tiene razón.
—Buen punto. —Le doy la razón y yo también quiero ver la cara de mi esposo, pero mas la de esa bruja.
…
Mi mejor amiga, Mercedes, me acompañó a una tienda muy famosa para ayudarme a elegir el vestido perfecto.
—Mira este. —Y ¡Bingo!
—¡Es perfecto! —Digo con una gran sonrisa.
—Además, hace juego con tu cabello de fuego. —Y tiene razón. Y, además, tengo el collar perfecto.
Fui al vestidor y me quedaba perfecto.
—Hermosa. Eso hará que tu esposo se arrepienta. —A parte de Damián y el mejor amigo de mi esposo, Mercedes también sabe que estoy casada con mi ex padrastro.
Me fui a cambiar y pagamos el vestido y unas zapatillas que hacían juego. Al salir de ahí fuimos por una pizza y sodas. Ya era algo tarde y necesitaba comer.
…
Llegué a casa y Daniel aun no se encontraba. Así que fui a pedirle a Celia que preparara la cena, imagino que no debe tardar en llegar, así que subo a mi habitación y guardo el vestido. No quiero que Daniel lo vea, le quiero dar la sorpresa de su vida.
Escucho el carro y bajo casi corriendo las escaleras, entro a la cocina y veo a Celia salir con la cena de mi esposo. Debe pensar que no quiero cenar con él, como lo había estado haciendo durante días.
—Pensé que tardarías más. — Salgo con mi cena ya servida y me siento junto a él, lo miro de reojo y está concentrado en su plato. Así que decidí romper el hielo.
—Tenía cosas que hacer. —Dice sin mirarme.
—Entiendo. —Así que respondo de igual manera, sin mirarlo.
—Quiero que regreses a la habitación conmigo. —Tiene que ser una broma. ¿En serio?
—¿Por qué? —Lo miro sin entender.
—No me amas. —Digo y me levanto e irme a mi habitación.
¿Cómo se atreve a pedirme eso? Si él está muy feliz con esa mujer. ¡Dios! Sigo sin entender el por que se casó conmigo. Pero pensándolo bien, haré que se enamoré de mí, y que mejor que en esa fiesta y dejar en claro quien soy en la vida de Daniel.
Al dia siguiente…
ya estaba Damián esperando por mi en la sala. Bajo las escaleras y lo veo mirando su teléfono.
—Hola. —Le saludo y me mira, veo como abre de más los ojos.
—Estas… hermosa. —No deja de mirarme.
—Gracias. —Digo un poco sonrojada.
Salimos de la casa con rumbo a la fiesta de los Fernández, ahora si todos sabrán que soy la esposa de Daniel y no su ex hijastra.
…
Llegamos y Damián muestra la invitación y nos dejan pasar, y en cuanto entramos, puedo ver a Daniel con esa mujer colgada de un brazo. Así que le hago señas a mi acompañante y caminamos hasta donde se encuentran.
—Hilda… — Escucho mi nombre de sus labios y hago acto de presencia.
—Aquí estoy. —Se gira y está realmente sorprendido por verme. Obviamente no se lo esperaba.
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No deja de mirarme.
—Bellísima. — Dice el sr. Adrián con una sonrisa un poco coqueta.
—Muchas gracias. —Sonrío con amabilidad.
—Buenas noches a todos. —Damián saluda a los presentes.
—Que hermosa pareja hacen. —Dice la señora Rose con una sonrisa sincera.
Miro a mi esposo y se ve algo molesto.
—Si me disculpan. —Digo y quiero ir al tocador, quiero confesar que me siento muy nerviosa con esta situación.
Entro y apoyo mis manos en el lavamanos con la cabeza agachada y tomando aire. Escucho la puerta cerrarse y miro al espejo y ahí está él.
—¡Dios! ¿Qué haces aquí? —No me lo esperaba.
—No. ¿Qué haces tú aquí? —Se ve aun molesto.
—Ah, gracias por traerme. —Digo con ironía.
—Creí que no te gustaban los eventos. —Me mira con seriedad.
—Sólo he venido a uno. Como tu ex hijastra y no como lo que soy, tu… —De repente siento sus labios. Pero ¿Qué le pasa?
Sin embargo, paso mis manos atrás de su cuello y siento las suyas en mi cadera. ¡Dios! Extrañaba sus besos. No sé cuanto tiempo pasó, pero nos separamos por falta de oxígeno.
—¿Por qué? —Pregunto de repente.
—¿Por qué con ella y no yo? —Siento un nudo en la garganta y con ganas de llorar.
—Lo siento, amor. —¿Qué dijo? ¿Amor?
Sin que yo me lo esperara, me tomo de la mano y salimos juntos de ese sanitario. Me sentía un poco extraña por su comportamiento.
—¡Daniel! ¿Qué está pasando? —Justo lo que estaba esperando.
—Dayana… —Me suelto de su mano y me pongo frente a ella.
—¿Qué quiere con mi esposo? —Le digo con frialdad y ella se queda como piedra en su lugar.
—¿Esposo? —Hasta que reacciona.
—¿Qué significa esto? —Mira a Daniel con rencor
—Hilda es mi esposa. —Al fin lo reconoce y eso me puso muy feliz.
No permitiré a esa mujer mas en la vida de mi esposo, porque lo amo y voy a luchar por él. Cueste lo que me cueste.