— ¿Cómo te llamo entonces? — pregunte riendo. — Por mi nombre gran tonto, te agradezco el gesto que tuviste con el chocolate caliente y Dios junto con mi panza saben lo mucho que lo amo, sin embargo, no iré al hospital hasta la noche. — Bueno no importa porque en otra ocasión tomarás una taza muy grande de chocolate caliente junto con galletas. — Me apetece mucho, ¿Vas al trabajo? — Sí, me había desviado para ir al hospital pero ya que no te encuentras pues me voy al hotel. — Vale, te dejo entonces y me voy a los brazos del hombre que me recibe gustoso cada día. — ¿Morfeo? — ¡Exacto! — dijo divertida — me agrada que pienses tan rápido y sin nada de mentalidad sucia. — No me preocupo en absoluto que estés con otro hombre, te cojo lo suficientemente duro para dejarte satisfecha, así

