— Adriel, Adriel, Adriel no me dejes por favor — dijo suplicante entonces yo me acerqué y tomé su mano. — Shhh todo va a estar bien, aquí estoy yo y no pienso dejarte. Lucía se tranquilizó y una sonrisa se esbozó en sus labios, amaba verla sonreír y en especial saber que yo era la causa de esto. Me acurruque a su lado y comencé a acariciarle su cabello, terminó por dormir profundamente y yo la veía con dulzura. En la madrugada presentó fiebre entonces me levanté para buscar paños húmedos. — Adriel te extraño. Ella comenzó a delirar por la fiebre y me preocupé muchísimo, tome su bolso y revise los medicamentos que le habían dado y por suerte tenía unos para la temperatura. — Toma esto que te ayudará. Yo molí la pastilla y se la di con agua, poco a poco. Ella mejoró pero no dejaba de

