Yerimen. —Hijo. —esta arrodillado delante mío mirándome a los ojos con ilusión y felicidad—. Este es tu regalo hijo mío. —Gracias papá. —le tiendo el cuero con mis dos manos y una sonrisa enorme por el gran muchacho que es, lo acomoda en el suelo sacando un cuchillo que preparé personalmente con todos los detalles posibles y muy cuidados para que tenga algo que aprecie con su corazón—. ¿De verdad papá? ¿Has preparado esto para mi?. —Así es. —se inclina dándome un abrazo envolviéndome por el cuello, lo envuelvo con fuerza rodeándolo por la espalda. —Gracias padre, es el mejor regalo que me han dado y lo voy a apreciar hasta mi muerte. —se aleja haciendo que pueda ver sus lágrimas caer por su cara de niño, las seco con mis dedos dándole un beso en la frente. —Ya puedes ser llamado homb

