Jairo y el resto de la familia no salían de su asombro, el joven sobó su frente intentando poner en claro sus ideas, pero no podía. Tenía sentimientos encontrados. Todo era confuso dentro de él. Observó a Milagros, con la mirada llena de enojo, de ira, de impotencia, de dolor. No se le hacía justo que ella hubiera jugado con él y le haya ocultado a su hijo durante tanto tiempo entonces respirando agitado se acercó a ella como un energúmeno, la zarandeó. —¿Qué fue lo que te hice a vos para que me odiaras tanto? —reclamó. —No la maltrates —exclamó Alfonso, defendiendo a Milagros. —Vos no te metas —gritó Jairo, los dos iban a iniciar una pelea, pero Jorge, el padre de Milly, intervino. —Aquí hay mujeres y niños presentes, esto no es campo de concentración de guerra para que ustedes se pon

