Cuando Juan Morales despertó, los primeros rayos luminosos del sol de la mañana caían en cascada a través de la ventana, arrojando su calidez en el cuarto. Jerry aún dormía plácidamente respirando con suavidad en la misma posición fetal que había adoptado la noche anterior y se negaba obstinadamente a despertar tan solo porque Morales hubiese escogido levantarse tan temprano. Juan pudo oler algo apetitoso que provenía de la cocina y, dejando a Jerry que continuara con su felino sueño, caminó sin hacer ruido por el pasillo hasta encontrarse con la agradable imagen de Francisco Tamayo muy afanado friendo huevos y haciendo tostadas. Ambos detectives parecían compartir ese peculiar rasgo de los policías en todo el mundo: la capacidad de beber profusamente la noche anterior y despertar aparen

