Los rayos del sol barrían las extravagantes edificaciones decoradas de la gran ciudad de El Pueblo, con su brillo reflejándose en las incrustaciones de oro macizo que adornaban los enormes templos alineados en las amplias avenidas de la ciudad atestadas de una multitud ansiosa por presenciar el gran evento que se avecinaba. Pronto el calor del día llegaría hasta el punto donde una bruma reluciente se levantaría desde el suelo barriendo las calles hasta hacerlas lucir como un océano vaporoso y la niebla flotase cual nube etérea justo sobre la extensión de terreno hasta donde la vista alcanzara. Por ahora, sin embargo, la temperatura era agradable y la gente se aglomeraba a la expectativa, vestida de gala, preparada para el gran evento. Shi-Rea observó la gran multitud reunida en la plaza
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