3:13 a.m. La hora perfecta para despertar de golpe, sudando y agitado.
La puta misma pesadilla de mierda. Esa donde cargaba a Morgan en los brazos y al llegar al hospital ya era muy tarde. Era imposible borrar de su mente esa, casi fotografía de Morgan desangrándose en el asiento trasero del auto de Diego. Se levantó y caminó hasta su baño en aquella casa vacía. Se miró en el espejo, las ojeras no iban a desaparecer nunca si seguía despertándose cada madrugada como idiota.
Su piel morena cargaba el cansancio y sudor. Su cabello largo estaba húmedo. No, la pesadilla no era propia de Blake, sino de Pato.
Se sentía un pendejo. Lo único que le habían pedido era que cuidara a Morgan y había fallado. Estaba enojado consigo mismo y con el mundo.
Suspiró y se metió en la ducha. Lo perseguía el recuerdo de la sangre en aquel auto, del rostro pálido y la mirada perdida de Morgan.
Estuvo media hora bajo el agua, cubriendo sus lágrimas con el agua. No tenía el valor, no, no tenía el derecho de llorar por lo que había pasado. Él era el primero en la lista de culpables por lo sucedido y llevaba casi un año sintiéndose miserable por aquél jodido martes de mierda.
Cuando salió, fue a quitar sus sábanas. Encendió el ordenador y se fue a poner las telas en la lavadora. Se sentó en su escritorio y vio los correos que le enviaban sus alumnos. Siempre estaban llenos de mensajes de amor y ánimos, alguna que otra broma estúpida y cumplidos.
Pato probablemente era el mejor profesor de aquella escuela, cada alumno que tenía lo terminaba adorando. Cada vez que terminaban el año con él, no solo su promedio, sino sus ganas de estudiar incrementaban y esa era otra razón para sentirse peor. ¿Cómo podían confiar en él si por poco se le moría un niño?
Se recogió el cabello y se dispuso a trabajar. Tenía que revisar los malditos exámenes. Usualmente todos los reprobaban pero quería saber por qué lo hacían, de ahí que los exámenes fueran tan diferentes en sí. Quería saber cuáles eran sus habilidades y mayores defectos de cada uno. Algunos alumnos eran mucho más ingeniosos que otros, Daniel incluso había mejorado desde el último año. En un principio rellenaba la primer opción y ahora incluso hacía patrones y figuras con las respuestas. A veces incluso palabras.
Vio el examen de Nickolas. Desde que lo entregó, supo que todas las respuestas estaban correctas. Le sorprendía que alguien como él terminara siendo amigo del grupo de Daniel. Notó que su teléfono tenía una notificación que no había revisado.
DIEGO
Primera semana completada :^)
Si Blake te causa problemas solo mandalo conmigo
PATO
se duerme mucho en clase pero eso es todo
pa cuando lo dejas dormir un rato?
ha de estar desmadradisimo cuidando al otro pinche escuincle
Suspiró y regresó a revisar exámenes.
Cada nombre que leía lo conocía a la perfección. Los estudió con todos sus antecedentes antes del primer día de clases, Huxley lo había pedido. En realidad, le había pedido que él fuera el profesor de esa aula, debido a que todos eran propensos a estar afectados después del año anterior. Pato los conocía a cada uno de ellos, aún sin haber sido su profesor. Se había jurado que los cuidaría pasase lo que pasase.
Su teléfono vibró.
DIEGO
Son las tres de la mañana, Blake no es el único que no puede dormir no?
PATO
tu también estás despierto puto.
DIEGO
Normal, tengo que cuidar a estos dos toda la puta noche
A Morgan le dieron nuevos medicamentos y se durmió toda la tarde y ahora está despierto el cabron
Pato escribió su respuesta pero dudó en enviarla. Habría repetido mil veces las mismas palabras y Diego solo lo ignoraba. A la mierda, envió el mensaje.
PATO
Ya namas adoptalos, te haces pendejo.
Apartó su teléfono sin ver la respuesta. Del otro lado, Diego, al ver el mensaje suspiró. Regresó a lo que estaba haciendo: vigilar a Morgan.
Blake estaba dormido en un sillón, cubierto con una manta que el menor le había puesto encima. Morgan, en cambio, estaba en la mesa principal, apenas con un suéter y bóxer, columpiando sus pies descalzos mientras veía una de sus series y comiendo cereales.
Diego mataría por esos dos chicos. Pero había un detalle que le impedía adoptarlos. Miedo. Tenía miedo de volver a cagarla y dejar que Morgan se hiciera daño o que Blake se desviara. Era el mismo miedo que Pato tenía y lo sabía, era un jodido hipócrita criticándolo y aún así, haciendo exactamente lo mismo.
Morgan se rió en voz alta y Diego se fijó en Blake para saber si despertaba o no. No lo hizo. Probablemente estaba tan cansado que se había desmayado o algo.
—Vas a terminar despertando a Blake.
—Perdón — respondió Morgan en un tono bajito. Parecía un cachorrito triste.
Joder, no podía enfadarse nunca con él. Blake era alguien sencillo de regañar e incluso de gritarle, pero Morgan era alguien a quien simplemente no podías levantarle la voz un poco sin sentirte mal.
—Iré por una almohada para Blake — dijo Diego levantándose —. Cuando termines ve a arreglar tu uniforme, mañana es el gran día.
Morgan sonrió y se bebió el cereal de golpe. Diego escucho el opening de su serie y a Morgan cantar en voz baja.
Ya era hora de que regresara.