Bastian Luego de pasar la noche sin poder pegar un ojo por culpa de la mujer endemoniada. No puedo culpar a nadie por ello, pero es que últimamente no he dejado de pensar en ella y por cosas del destino siempre termina entre mis brazos. Todavía recuerdo las palabras que le dije antes de marcharse a su casa. No entiendo qué fuerza extraña me impulsó a decir en voz alta mis pensamientos. Y no siento ni una pizca de arrepentimiento por ello. Ver su rostro palidecer fue un momento épico, eso me hace pensar que es un poco inocente referente a estos temas. Voy a tratar de no ser tan cruel para no alearla de mí y mucho menos ahora que sé donde trabaja. Eso me recuerda que más tarde debo acercarme al restaurante de mi amigo para hacerle entrega del cheque por el pago del servicio prestado. Seg

