VERONA, ITALIA. Luca tenía muchos crímenes en su lista, pero robar no estaba en ellos, sin embargo, aquella noche había cometido un hurto atroz que fue descubierto por su esposa cuando bajó las escaleras para buscar un vaso de agua. ¡Luca había robado su postre! El italiano estaba sentado sobre la barra, con el enorme refractario en sus brazos mientras con una enorme cuchara sin temor alguno, devoraba el postre que su esposa le había invitado temprano. Solo había comido una rebanada pero sabía que necesitaba más, así que cuando despertó por la madrugada no dudó en asaltar el refrigerador. —¡Luca! —¡Maldita sea! El refractario casi cae al suelo, pero logró mantenerlo en sus brazos. Terminó de masticar los pedazos dulces de galleta remojada en café y vino y se aclaró la garganta.

