PALERMO, ITALIA No hay peor ciego que quien no quiere ver. Lucian clavó sus ojos en su hermano haciendo que Luca se aclarara la garganta y Gabriella se diera cuenta de que acababan de cometer un error que podría costarles el juego que habían montado. Se apartó de su marido y cambió su atención al arma que terminó recogiendo del suelo. —Estoy bien, Maurizio, no tienes que fingir preocupación. Luca levantó las manos al ver que su esposa movía el arma de forma inapropiada y terminaba con el cañón cerca de su rostro. No tenía balas, pero no dejaba de ser nervioso que un fusil que podía volar su cabeza de golpe le quedara cerca de su hermoso rostro. —Estás armas pesadas no son para mujeres. —¡Oh, vamos Luca! Deja de hacer esos comentarios. Yo podría patear tu trasero fácilmente con un

