ETERNO| CAPITULO 40

3085 Words

NÁPOLES, ITALIA. Ludmila tragó saliva e intentó hacerse la fuerte aunque por dentro quería gritar. La herida había sido grande, la bala le había abierto una línea de varios centimetros que sangró sin para durante varios minutos hasta que la pareja pudo encontrar a alguien que le ayudara con la herida fuera de la ciudad. Franco estaba hecho el diablo. —Tranquila, cariño, va a estar bien. Él sabía cuánto dolía un rozón, ya lo había sentido y saber que su esposa estaba pasando por un momento así le dolió en lo más profundo de su pecho. Esos imbéciles se la iban a pagar. Ludmila se aferró a sus ropas y derramó un par de lágrimas pegada a las finas prendas de su marido. —Duele. —Lo sé. La pareja había salido de Nápoles por su seguridad y se encontraba a las afueras. Había parado e

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