VERONA, ITALIA. Mierda. Gabriella intentó mantenerse quieta mientras sentía unos largos dedos acariciar por encima de su ropa interior. No quería darle en la mano porque eso denotaría lo que estaba pasando. La mujer tomó aire y tragó saliva, concentrando su mirada al frente y contando en su cabeza para evitar que su rostro se pusiera caliente. Luca se acercó a ella y entonces por un costado infiltró uno de sus dedos dentro de la ropa interior de su esposa. Una corriente satisfactoria hizo a Gabriella suspirar. Joder. Tenía que conservar la calma. Decir que quería cerrar las piernas e impedir que lo hiciera sería una mentira, pues en cambio, dejó sin palabras a su esposo cuando se movió y se acomodó un poco para darle un mejor acceso. Por una mierda. El italiano luchó por morder lig

