ROMA, ITALIA Gabriella cortó su trozo de carne con cierta hostilidad. Su marido estaba enfrascado en una conversación con Máximo sobre negocios de los cuales ella apenas tenía percepción, pero intentó escuchar por si en algún punto se le pedía opinión de algo o en su caso, podía aprender. Sabía perfectamente donde se metía cuando aceptó esta boda y tenía claro que si quería sobrevivir tenía que ser inteligente. No venía de buena familia, tampoco tenía dinero pero eso no la hacía menos, tal vez podría llegar a aprender y ser de ayuda a su marido en algo, además, claro, de darle el heredero que todo Salerno deseaba. Maximo Giordano era la primera persona con la que se veía a solas en el nuevo mundo que llamaba vida, pero la forma de ser del hombre le hizo recordar que estaba mal parada

