Desde la ventana

1509 Words
No puedo creer lo que mis ojos están viendo, después de la deliciosa cena y que la chiquilla que me roba miradas a su persona se excusara para retirarse a sus aposentos, desapareciera de mi vista dejándome con el corazón apachurrado porque sabía que ya no la vería mas esa noche y quizá tampoco el resto del año, bueno eso dependía de si su padre tomaba o no nuestra propuesta para que ambas corporaciones dedicadas a la investigación y creación de nuevos medicamentos y curas para enfermedades mortales, se unieran. Si nuestras empresas se unían no solo garantizaría un avance fructífero en las investigaciones si no que me aseguraba que la vería; no solo esta noche si no muchas otras más, porque tendríamos la excusa perfecta para vernos inconscientemente.   Me pase la mano por el cabello, incomodo por la mirada que me dedicaba la otra sensual chica al otro lado del salón, bebí un trago del vaso de vino en mis manos… —esta era tu urgencia— me dije viendo a la inocente Daira salir a hurtadillas por la puerta trasera, del patio. Troto en sus botines negros y su falda de cuero, mostrando su vientre plano y poco marcado que dejaba al descubierto su pequeña blusa suelta que le llegaba un poco más arriba del ombligo, casi mostrando sus pequeños pechos. ¿Qué hace una niña escapando de casa y vestida de esa manera? Me pregunte sin poder contestarme.   —De nuevo escapando— me voltee al escuchar y sentir la presencia de alguien acercarse hasta la ventana. —Solo espero que no la descubran esta vez— dice con su sensual voz. Es hermosa pero no se compara con esa chiquilla y su aura de angelical inocencia que la rodea, me tiene tan loco con solo un día que no puedo ver al ejemplar monumento de mujer delante de mí. Es hermosa, cabello n***o pómulos altos y labios demasiado esponjosos, tiene atributos encantadores y parecieran que escaparan en cualquier momento del pronunciado escote de su traje completo, tiene una pequeña cinturita, pero no tan pequeña como la de Daira. —Soy Kass, Kass Jenssen— antes de que pueda estrechar la mano que alza se aproxima y deja un beso provocativo muy cerca de mis labios.   Miro donde Alonso quien sabe lo mismo que yo, tengo mi polvo fácil de esta noche. Le beso la mejilla a la mujer tomándola por la cintura. Me giro hacia la ventana antes de ver como Daira entra a un Mclaren 620R, no miro al conductor, pero el corazón se me acelera al ver la velocidad que el tipo toma para salir derrapando de donde ha recogido a mi pequeña. —¿No es la primera vez que lo hace?—. La chica dibuja una sensual sonrisa en sus labios mirándome directamente a los ojos. —No. Pero no le digas a mi tío, se pondría histérico de saber en dónde se encuentra su princesita— no estoy seguro de si lo que escucho en su voz, es reproche o algo de celos, pero lo ignoro. Tampoco es que me incumba. El señor y la señora Medici entran a la estancia tomados de la mano, junto a los niños que no paran de golpearse entre sí, hablan en un idioma que no entiendo, pero que creo haber escuchado en alguna película de ficción. —¿Y dónde se encuentra?— apuño las manos ante la incertidumbre. Pero la bella chica parece reacia a decirme. Sonríe y juega con su cabello. La veo caminar hasta su tía, susurrarle algo y salir de la estancia de vuelta.   Cuando salimos de la mansión Medici es casi media noche, Alonso ha conseguido el número de la otra bella chica, Iris, y yo me he resignado a irme solo a casa, aunque tampoco hemos venido hasta aquí a conseguir un polvo gratis. Aunque con nadie que me espere en casa no estaría mal llegar con alguien solo para que caliente mi cama por esta noche fría. —Así que el gran “señor”— hace comilla con sus dedos al aire —Cisco ha quedado cautivado por una chiquilla, eh— se burla. —Iris no es una gran mujer que digamos— contra ataco. —Bueno, por lo menos yo si obtuve algo, mi querido amigo. Aunque viéndolo bien— golpea mi hombro, miro hacia donde apunta con su cabeza y me doy cuenta que ahí, en el balcón, al lado de las escaleras de la salida se encuentra la bella Kass, ya no lleva el traje pegado si no unos pantalones de mezclilla, zapatilla color piel y una blusa coral que cubre con un saco blanco. Sonríe al saberse vista por nosotros se incorpora y se sienta en el balcón solo recargando el trasero voluptuoso. —Te estaba esperando— dice, toma un pequeño bolso de la barra del balcón y se encamina a nuestro encuentro. —Creí que habías huido de mí, preciosa. —Jamás huiría de alguien tan atractivo como tú— me toma de las solapas del saco y me besa mientras pega su delgado y bien formado cuerpo al mío, esta operada estoy seguro pero que hombre se queja por una mujer tan buena como ella. Un polvo fácil a nadie le viene mal. La tomo de la cintura pegándola a mi costado cuando se aleja, Alonso esta al pie de las escaleras observándonos minuciosamente con una amplia sonrisa en su rostro. —Nos vemos campeón— chocamos puños y tomamos rumbos distintos, el a su coche y yo con la sensual pelinegra. Le abro la puerta del coche para que entre. Rodeo este y entro ahora yo. —Tienes un coche divino— dice pasando sus manos por el tablero y los asientos. —No más que tu preciosa— enciendo el coche y arranco a toda velocidad.   * * *   Kass es divina mientras estamos en la cama, me ha dejado azotarla y esposarla a la cama mientras estamos cogiendo, es sucia al hablar y suplicar por mas envites, había estado con chicas como ella, dispuestas hacer lo que uno quiera solo para complacerme, pero con la gran diferencia que ella no obtendrá un pago de mi parte, aunque tampoco es como si no le fuera a dejar un presente por esta noche, o cualquier día que la vea.   Pero mientras ese día llega disfrutare del momento, le beso el cuello, perdiéndome en sus grandes globos redondos con pequeños pezones cafés, es el sueño húmedo de muchos chicos, así que me subo sobre su abdomen metiendo mi erección entre sus pechos para masturbarme con ellos. Kass abre la boca chupándome la punta del pene cada que llega a sus labios, es la tercera vez que lo hacemos en esta noche y ella parece insaciable, no hemos cruzado muchas palabras solo besos y jadeos que nos robamos uno al otro. —Date la vuelta— le palmeo el abdomen. Es increíble como una chica pueda darte lo que pocas te dan, y no desaprovecho la oportunidad, me alineo en su mojado y estirado ano, adentrándome despacio, siendo recibido por paredes húmedas que cierran mi pene con fuerza, está contrayendo los muslos y es grandioso cuando empiezo a moverme, observando como adentra sus dedos con uñas largas en el hueco de su v****a, estimulándose y gimiendo fuerte. —Quiero verte— me dice. Me muerdo el labio y la penetro más fuerte, no es algo que haga muy a menudo, cogerlas de frente, prefiero mas no verles la cara, pero ahí estoy dándole la vuelta con brusquedad, está sonriendo cuando al fin cumple su cometido, lleva rato pidiéndolo, y parece satisfecha cuando al fin cedo a sus suplicas. Estira su mano y toma algo de su pequeño bolso, abro lo ojos al ver lo que es, es un vibrador y tiene una larga cola con una bala de goma en el extremo. Sonríe, muerde sus labios y quedo asombrado cuando introduce el vibrador en su v****a y la delgada cola en su ano —Ven aquí— estira sus manos. Me poso entre sus piernas y me adentro, es alucinante. Las vibraciones también afectan a mi pene y mi tercer orgasmo se aproxima demasiado rápido. Kass no deja de gemir fuerte luciendo erótica y bien cogida sobre mi cama y las sabanas distendidas a su alrededor. Me corro dentro del condón y salgo de ella cuando sé que eh terminado. —Eso fue— suelta el aire y gime. Se pone de lado y me observa con ojos adormilados. —Grandioso… —Aike. —Aike— murmura. Cierra los ojos y los vuelve a abrir, lleva pestañas postizas y el maquillaje se le ha corrido por nuestras horas de placer y sudor.      —Quieres algo de beber— ofrezco. Me pongo en pie, y niego cuando ya se ha quedado dormido. —Te eh dejado muy cansada he…— mi ego se eleva por los aires, me pongo un pantalón de chándal y salgo del dormitorio.   Cuando salgo del cuarto me detengo en el centro de la sala las cortinas del ventanal de vidrio están corridas y me dejan ver a través de ellas, tengo la mejor vista al mar, y las olas que rompen en el océano me relajan, tomo un vaso con agua de la cocina y me siento en una de las sillas de la isleta bebiéndome el líquido, tranquilo, pensando en la chiquilla y sobre lo que estaría haciendo en este momento… a donde quiera que se haya escapado. 
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