Apenas siento el cuero del sillón estando recostada en la sala de mi padre. Observo las formas irregulares de la alfombra en silencio y escucho el timbre de casa sonar. Nada de eso me saca de mi aturdimiento. Después de que Raúl y Nicolás lograran despertarme, mi hermano me trajo a casa, estuvo en contra de que me regresara sola. Raúl se quedó en el edificio para proceder con la inspección de cada piso, es casi media noche y aún no sé si vaya a regresar pronto. La delgada cobija que me tapa no disminuye los escalofríos que tengo y espero a que Nicolás regrese con la taza de té que prometió pero lo escucho recibir a quien espera en la puerta. —¿Cómo está? —la voz tensa y lejana de Alex me tranquiliza un poco, solo un poco. —No ha dicho ni una palabra desde que despertó —Nicolás está tan

