Diez años después
—¿Puedes creerlo? —grito al micrófono del celular y espero que mi hermano me apoye.
Estoy teniendo el peor día de mi vida. No entiendo por qué Nicolás eligió terminar la universidad fuera de México y vivir tan lejos. A veces pienso que lo hizo a propósito dejándome a mi suerte con Raúl.
—Johanna —dice él con la voz matizada de paciencia—, dale un respiro a papá. Te conozco de toda la vida, ¿no crees que estás exagerando?
—¿YO? ¡No exagero! —vuelvo a gritar, medio indignada por sus palabras—. ¿Sabes que hoy es cumpleaños de Qeren? La invité a desayunar y al pagar la cuenta me rechazaron todas las tarjetas.
Nicolás rompe en carcajadas y después de unos segundos se calma. Espero a que se disculpe pero no lo hace y en vez de eso suspira volviendo a hablar.
—Tal vez te cortó los fondos porque ya no sabe qué hacer para que lo perdones. Papá está haciendo todo lo posible por llevarse bien contigo pero no se lo permites.
—¿Sabes que me dijo? —pregunto después de exhalar con fuerza, evitando la dirección que puede tomar esta llamada.
Espero hasta que Nicolás pregunta un “¿qué te dijo?” resignado.
—Dijo que ya no iba a soportar más desplantes. Estoy de acuerdo que no he sido una hija ejemplar pero él tampoco es un padre perfecto. No tiene derecho a culparme cuando él solo se apareció después del accidente de mamá.
La línea se queda en silencio y no estoy segura si lo que dije molestó a Nico. Hemos tenido esta discusión más veces de las que puedo contar y ninguno de los dos cede a la postura del otro.
—Johanna —suspira antes de seguir en tono conciliador—, él te ha rogado que lo dejes entrar pero tu orgullo no se lo permite. Yo te puedo ayudar con respecto al dinero solo si prometes intentarlo, puedes aceptar el puesto en Kucing, al fin y al cabo será nuestra herencia algún día y tendrás que involucrarte.
Yo no estoy calmada y temo decir algo que no me perdone. Así que, como siempre, evado el tema.
—¿Por qué estás tan lejos Nico? ¿Cuándo regresas? —pregunto con desesperación—. Te extraño muchísimo.
—Acabo de iniciar el semestre, no creo poder ir a casa hasta las vacaciones. Por favor, no me ruegues que me parte el corazón no estar con mi hermana favorita. Yo también te extraño muchísimo Johanna pero prométeme que vas a pensarlo.
—Te lo prometo —frunzo el ceño porque no deja ir el tema.
—Te amo Johanna —se despide como siempre.
—Y yo a ti.
Cuelgo mi celular y lo aviento a mi buró. Recostada en la cama contemplo el techo de mi habitación y medito el asunto como nunca lo había hecho. Acabo de cumplir diecinueve años pero aún faltan algunos años para poder disponer del fideicomiso que Raúl dispuso para nosotros.
Mamá. Después de diez años es difícil aún aceptar su partida, la extraño como loca, no creo que haya en el planeta alguien que pueda extrañar a una persona como yo a ella. Nicolás está ahí para mí siempre, pero además de él no hay nadie en quien confíe con mi vida y no creo que nunca lo haya. Mi círculo de relaciones es demasiado pequeño, no es que sea una persona soberbia o ególatra, pero estoy acostumbrada a cerrarme y me cuesta trabajo confiar en la gente.
Raúl es una de las personas que no puedo dejar entrar pero sé que no lo he hecho nada fácil. Lidiar conmigo y mi actitud es todo un reto para él, me lo ha dicho y reprochado. Convivir con mi padre es muy difícil para mí, hasta hace tres años todo fue sin inconvenientes pero, cuando tía Alim falleció perdí a la única persona que aún me contaba sobre mamá. Nuestra última plática aún me desconcierta, después de perder a su hermana mi tía no fue la misma. Nicolás y yo creemos que la ausencia de mamá fue un factor detonante para los desplantes y locuras que tenía de vez en cuando.
Nunca ha sido sencillo dejar a Raúl entrar a mi vida; verlo, hablar con él o siquiera estar en su presencia solo logra recordarme que mamá ya no está, y tan solo porque ella se fue Raúl volvió. ¿Qué hubiera pasado si mamá viviera aún? Apuesto que no sabríamos de su existencia. No logro fiarme de mi padre, si me abro a él, ¿cómo podrá asegurarme que no se irá o me abandonará después?
No sé si quiero involucrarme en Kucing o hacer otra cosa, medito lo que me pasó hoy: Raúl me cortó todo el dinero, las tarjetas de crédito y mis cuentas corrientes. Nicolás solo me ayudará si acepto el puesto que Raúl me ofrece en el grupo. Ofrece es un decir porque desde hace tiempo me está presionando para que le dé rumbo a mi futuro. Podría entrar a trabajar a cualquier otro lado y lo haría en parte para fastidiarlo pero solo él está dispuesto a apoyarme con el horario de mis clases en la universidad, eso no lo voy a negar.
Sin querer cavilar más en el asunto tomo mi celular y envío un mensaje de texto: “¿Puedo hablar contigo? Es sobre Kucing…”
Su respuesta me llega al instante: “Te veo en una hora en el restaurante. R.M.”
Me arrepiento de inmediato, giro sobre mi estómago y ahogo un quejido de frustración en mi almohada. Suena mi celular con otro mensaje e imagino que Raúl se arrepintió también. Al ver mi pantalla me doy cuenta de que el mensaje es de Qeren, mi mejor amiga: “Dime por favor que vendrás a mi fiesta. ;)”
Después de un rato en el tráfico entro al edificio de Kucing, no sin antes tropezar con un hombre que sale a prisa del elevador y con la vista clavada en el celular, me da una mirada irritada la cual contesto con un ceño fruncido. Me acerco al restaurante y pregunto por Raúl a la chica que me recibe, ella me dirige a la mesa reservada para el presidente de la compañía pero él aún no ha llegado. El mesero que atiende trae mi orden y espero por diez minutos más hasta que Raúl se sienta frente a mí.
Mientras él ordena lo observo, su parecido con Nicolás siempre me ha desconcertado. Raúl es, a todas leguas, la versión adulta de mi hermano. Son pocas las diferencias entre ellos dos, Nicolás tiene el cabello rubio dorado y siempre lo trae medio largo y despeinado mientras que Raúl, con tal de ocultar algunas canas lo ha teñido de un castaño obscuro y siempre trae un peinado impecable.
Cuando el mesero se retira mi padre me observa y su mirada endurecida desaparece a los pocos segundos. Sé lo que está pensando. “Eres idéntica a tu madre” diría, si la situación no fuera tan tensa. “Tienes el mismo cabello obscuro y rebelde que ella a tu edad” y de inmediato yo me lo recogería en un chongo desordenado, solo para que dejara de mirarme y compararme. Y me diría cuanto la amaba; pero no le creo, me niego a caer en el cuento de que se separó de mi mamá por nuestro bien. Desvío la atención a mi plato y escucho a Raúl suspirar resignado.
—Quiero que entiendas lo que pasó hoy —empieza a decir y no me sorprende. Él siempre va al grano en cualquier conversación.
—No —contesto interrumpiéndolo y me lleno de valor para mirarlo a los ojos—, no vengo a platicar contigo acerca de hoy. Vengo a decirte que voy a aceptar el puesto que me ofreces, ya que no tengo dinero Nico se ofreció a ayudarme con esa condición.
Considera mis palabras y veo en su mirada un destello de furia, aunque también un poco de alivio; siempre ha sido muy fácil de leer, las emociones en su rostro son cristalinas. Gracias a ello he podido estar un paso delante de él en muchas situaciones, por eso lo desquicio demasiado.
—No será necesario Johanna, desbloqué tus cuentas mientras venías hacia acá, es tu dinero.
El mesero reaparece con la orden de Raúl y los dos comemos en silencio durante unos minutos. Hasta este momento me doy cuenta de que no tengo idea sobre de que se trata el trabajo.
—Solo te dedicarás a conocer y aprender de la empresa —me responde.
Acordamos mi horario, que queda perfecto, no se atraviesa con el de la escuela porque lo que menos quiere Raúl es que deje de estudiar. Después de eso no hay nada que decir y terminamos de comer en silencio. Se despide de mí al pie del elevador y salgo antes de que me arrepienta de todo.
Más tarde, al llegar a casa le escribo un rápido mensaje a Nicolás y le explico lo que sucedió, le prometo que lo voy a intentar, esta vez de verdad. Sospecho que, en lo que se convertirá mi empleo será en una convivencia forzada con Raúl, en un ambiente controlado para que yo no estalle en su contra sin pensar en las consecuencias.
Es mediodía del domingo y estoy en mi habitación, navego las r************* riendo con las fotos de la fiesta de Qeren, una fiesta espectacular. De pronto recibo un correo, es de Raúl y me extraña porque él está en casa en su despacho, lo leo y me quedo sin palabras. Una llamada entrante me saca del shock y saludo a Nico.
—¿Crees que puedas buscar un libro que dejé en mi habitación? Es de F.R. Lewis de negocios internacionales.
—Si, ¿lo necesitas ahora? —pregunto y sé que sueno deprimida.
—No, solo quiero una foto… ¿Qué ocurre? —a mi hermano no se le va ninguna.
—Nada, un correo sobre mi nueva cuenta y contraseña para el servidor en el trabajo, pero está en casa al igual que yo, ¿no pudo decírmelo en persona?
—Apacigua tus nervios, es un procedimiento normal —dice conciliador—. Además, hace algunos años le dejaste muy en claro que nunca podía entrar a tu habitación, puede que solo esté siendo cauteloso.
Respiro hondo y le doy la razón, le prometo buscar su libro y platicamos un poco más antes de despedirnos.
De: Nicolás (nicolasmeyer@standforduniversity.com)
Para: Raúl Meyer (raul.meyer@kucing.com)
Asunto: ¿En serio?
Espero que estés bien papá. Estos primeros meses de mi último año han sido una maravilla. Los extraño a ti y a Johanna.
Y hablando de ella, he escuchado que no vas tan mal. Al menos los dos están dispuestos a trabajar juntos.
¿Le vas a presentar a todos en la empresa? Vas a tener que manejar el asunto de tu protegido con mucho cuidado. Johanna aún no confía en ti papá, si se entera que alguien tuvo tu apoyo antes que ella no me imagino que drama va a hacer. Me alegro de estar en California para escapar de su enfado. XD!
Te quiero
Nicolás Estatus: Entregado
De: Raúl Meyer (raul.meyer@kucing.com)
Para: Nicolás (nicolasmeyer@standforduniversity.com)
Asunto: RV: ¿En serio?
Yo también te extraño Nico, me alegro mucho de que estés bien y estoy orgulloso de que te esté yendo bien.
Sigo sin tomar las mejores decisiones con tu hermana y ya no sé qué hacer. A veces pienso que no importa lo que haga nunca me va a perdonar no haber estado en su vida. Ya tuve la oportunidad de explicarte que ninguno de ustedes influyó en mi decisión de separarme de tu madre.
Johanna solo verá cómo trabajo, que responsabilidades tengo como presidente del grupo y poco a poco le estaré dando actividades.
Sí, le voy a presentar a todos pero no le diré que es mi protegido, será un empleado más. Sé que Johanna no tendrá la misma reacción que tú con relación a él. Sé que aún falta mucho para que pueda perdonarme y no arruinaré los avances que he tenido con ella explicándole quién es. Al menos no por el momento. Gracias por no decirle nada aún.
También te quiero hijo, y te agradezco todo lo que has hecho por mí.
Lic. Raúl Meyer Presidencia Kucing Estatus: Entregado