La habitación me generaba el típico olor a hospital, el médico se retiró casi inmediatamente dejando algunas instrucciones a la enfermera. Ella revisaba el expediente de Falcón tranquilamente. Me intrigaba. Era delgada, de baja estatura, su cabello recogido en un moño con una red, su rostro era de facciones finas, era muy joven. Un cubre-boca descansaba en su cuello y sus manos eran blanquesinas, como si las hubiese echado en talco. Pareció notar mi mirada, ya que desvió su atención hacia mi y me dedico una sonrisa. Salió de la habitación momentos después. Me acerqué a Falcón y me senté en la silla situada al lado de la cama clínica. A pesar de todo lo que había pasado, el alivio me llegó. El estaba aquí, vivo, era lo que contaba. Por fin sentí una lagrima en mi mejilla, seguida de o

