Missi llegó sin previo aviso al departamento de Pablo. Su expresión era de urgencia. —Pablo, disculpa que no te llamé antes de venir, pero necesitamos planificar lo que haremos —dijo, entrando sin esperar invitación. —Pensé que te habías arrepentido por lo que pasó entre nosotros —respondió Pablo, visiblemente incómodo. —Para mí solo fue un momento de debilidad. No voy a dejar que eso me distraiga de mi verdadero objetivo —replicó Missi, con determinación. —Está bien, dime qué tienes en mente —Pablo suspiró, resignado. —Lo que haremos es que tú contactarás a Laura. Llámala y haz que se vean sin que Peter lo sepa. Yo me encargaré de que Peter los descubra besándose. Tienes que robarle un beso —instruyó Missi, con frialdad. —Es una buena idea, pero no sé cómo haré para que Laura me vea

