¿Y porque rayos Drew le habia dicho “hasta mañana” si dijo que cualquier cosa que necesitara estaría en su despacho?
«Que chico tan raro. »
Emma miro hacia el reloj encima de las escaleras. Eran apenas las 6 de la tarde.
Aunque sonara mal decirlo, ella solía dormirse a las 2 o 3 de la mañana. Ella pensaba que tenia un complejo de búho nocturno. Menos mal seguía un estricto cuidado de piel para su rostro. Pero no podía detenerse cuando empezaba un buen libro. Y si lo hacía, solo pasaba sus tardes preguntándose, ¿Qué estarían haciendo los personajes de sus libros ahora mismo?
Corrió rumbo a su habitación. Técnicamente correr dentro de la mansión estaba prohibido, pero para alguien rebelde y de espíritu libre como ella ¿Qué era romper una simple reglar como correr?
Cuando llego a su habitación prendió la lampara de noche y tomo el libro entre sus manos. Estaba por acabarlo, y en la última página vino una revelación de lo más impactante, estaba vivo. Un personaje que se supone murió habia regresado a la vida.
Dio la vuelta a la pagina cuando noto que… se acabó.
No podía creerlo. ¿Se acabo? No podía acabar ahí. Quizás su copia era defectuosa, quizás le faltaban páginas.
O quizás tan solo…
« Ugh »
A veces se ponía ansiosa cuando un autor no sacaba rápidamente la continuación de una novela.
« ¿Qué rayos quieres autor? -pensó Emma -¿comerte lo poco que queda de mi corazón? »
Madre santa. Este en definitivo no era su dia. Y una rápida búsqueda de internet le dio a conocer que la continuación del libro no saldría hasta finales del año entrante. Sabía que las fechas de publicación a veces dependía mas de la editorial que del autor, pero… ¡por favor!
Se levanto hacia su computador y abrió la pagina de su documento. Aquel libro la habia inspirado.
Ya tenía avanzada su propia novela. Pero también habia hecho muchos ejemplos de inicios de la obra. El concepto es muy sencillo. Si a los lectores no les gusta el primer capítulo, no continuara el libro. La ecuación era muy sencilla.
Y siempre se debía dejar un Cliff hanger al final, algo tan impactante que el lector no tenga problema con siempre querer seguir leyendo, para que estos puedan preguntarse ¿y que seguirá luego?
Ella soñaba con escribir una novela.
Un libro capaz de mover a todos los corazones del mundo, y lograr así que por unos segundos, estos latieran al mismo compas de las palabras
« Un libro capaz de unir corazones, que poder tan maravilloso. »
Puede que las palabras no significaran nada para otras personas, pero para alguien como Emma. Alguien a quien desde pequeña le habían arrebatado su voz, ella habia encontrado su fuerza allí, en las letras. Aquel papel en blanco donde podía gritarlas esperando que sus palabras importaran, que significaran algo para alguien. El poder de ser escuchada, aun sin decir una sola palabra.
***
La luz de la tarde habia caído. Ya habían pasado varias horas desde que empezó a escribir
Sus manos seguían el compás de una melodía sobre las teclas del computador, aquel que guiaba su propio corazón cuando tocaron a la puerta de su cuarto interrumpiendo su escritura. Sacándola así de aquel mundo mágico que ella habia construido, el único mundo que ella podía controlar, porque en el mundo real. Emma solo era Emma, sin armadura mágica, sin hadas madrinas, sin príncipe azul.
Ella alzo la cabeza fuera de la pantalla y el teclado
-¿Si?- pregunto
Otro toque -Señorita Emma.
¿Sophie de nuevo?
Ella se levantó y con ojos cansados abrió la puerta
-Madre mía, ¿Por qué aun no se ha cambiado?
Emma enarco una ceja -¿puesto la pijama?
-Oh, olvídelo. No es el momento para esto. Además, mejor que esta vestida. La estan esperando.
-¿esperando? ¿Quién está esperando?
-Han venido a verla, señorita Emma
-¿A mí?
-¿Esta sorda?- soltó la mujer ya impávida.
Sophie siempre solía estar moviéndose, siempre hablaba apresuradamente, casi como si ese fuera su estado natural. Emma nunca la habia visto sentada en un solo lugar por mas de 10 minutos. Era como si ella sintiera la necesidad de siempre estar haciendo algo.
-Esta bien. Entiendo. Iré
-A la oficina de su padre- indico
-¿de mi padre? ¿Por qué mi padre quiere verme?
Los ojos de Sophie se fijaron en ella, y por primera vez en su vida estos se ensombrecieron, su mirada pareció un oscuro atardecer -yo nunca dije que, quien la buscara fuera su padre.- dijo.
Y todo esto parecía un mal presagio.
***
Emma ha vivido en la mansión Smith desde que tiene memoria. A pesar de no aceptar la decisión de ello en su momento sus padres la dejaron allí mientras estos preferían tener una vida llena de viajes, comodidades y lujos, y puesto que a una edad temprana de 10 años la pequeña Emma no tenía ni voz, ni voto para protestar, no le quedó más remedio que aceptar el destino que sus padres habían elegido para ella.
Bajo la tutela de la familia Smith ella creció y fue educada e instruida en varias artes del medio. Su estadía en la mansión siempre habia sido casual y monótona.
El dueño de la mansión y cabeza de la familia, el señor Robert Smith nunca puso objeciones hacia ella, y a pesar de tener un hijo como "el guapo, seductor y sexy" según las revistas "Drew Smith", esto no fue un problema. Puesto que aquel chico a pesar de crecer a la par con la misma edad que Emma, nunca toparon más de dos palabras dentro de la mansión, o al menos solo las necesarias para una convivencia normal que requerían dos simples conocidos.
El, con una actitud fría y distante nunca se involucró, ella llego a pensar que seguramente la veía como tan solo un bicho minúsculo y extraño que siempre estaba pegada con un libro entre sus manos, alguna especie de sabandija que habia invadido los territorios de su casa sin siquiera preguntar. No le sorprendía que el chico jamás se dignara en siquiera dirigirle la palabra, mucho menos se detenía a mirarla más de dos veces. A Drew siempre se le habia visto de la mano de mujeres muy hermosas, dignas de revistas, puras modelos de portadas caras. Y medida que él fue creciendo apenas y pasaba tiempo en la mansión, pues dirigía varias de las compañías de su padre, y pasaba viajando casi todo el tiempo.
Jamás se habían metido en la vida del otro. Al menos no hasta aquella inesperada noche.
-¡¿Que?! - ella no podía dar crédito a las palabras que estaba escuchando.
En aquel despacho las dos figuras se cernían ante ella como monstruos salidos de una pesadilla.
-Tienes que casarte querida- decía la mujer de rubios cabellos, que para Emma, ahora mismo, era una completa desconocida
-¿porque?
-no contamos con mucho dinero ahora mismo, tenemos que salvar nuestra compañía
"¿ahora si es nuestra?" pensó Emma irónica.
Sus ojos claros los miran con odio-No. No pueden. No pueden hacerme esto. Soy su hija, no una moneda de cambio.
-Pero que malagradecida eres. Nosotros que hemos dado todo por ti. - habia un tono empalagoso y de exageración en su voz, todo fingido claro estaba -Debemos recuperar la inversión que hemos gastado en ti por todos estos años, es lo mínimo que podrías hacer por tus padres.
-¡¿mínimo?! -soltó Emma de mala gana -Nunca han estado en mi vida, y ahora solo regresan para decirme que me estan obligando a… ¿casarme?
-Tienes que entenderlo...
-No.
-Si.
Un último intento-¿y con quién? -pregunto ella aun con burla en su voz. Era claro que no se estaba tomando este tema demasiado enserio. No. No lo hacía. Pero pronto lo haría, justo cuando escucho aquel nombre y un desconcierto la lleno por completo, y todo cuanto pudo salir de su boca fue un-¿Qué?
***
Drew Smith.
¿Por qué su vida parecía seguir rondando alrededor de ese estúpido nombre?
Como si su destino fuese estar atada a ese apellido de por vida.
El joven más sexy, galán y codiciado de la ciudad, ahora… ¿obligado a casarse con un ratón de biblioteca? Era un mal chiste. Su vida era una jodida broma.
Además, eso no tenía sentido. Tal propuesta era absurda, ¿Quién les habia permitido siquiera la entrada a este par de desconocidos?
Estos dos tipejos ya no eran sus padres. Habían dejado de serlo desde que la dejaron en aquella mansión. Ellos habían sido la causa de su sufrimiento los primeros días al sentirse como basura al ser rechazada. Ella no era algo que se creía que se podía abandonar y luego tener de regreso. Hubieron incluso noches de las cuales las paso solo añorando tontamente ser rescatada. Soñaba que sus padres regresaban por ella diciéndole lo tontos que ellos habían sido por abandonarla, o que solo le habían jugado una terrible broma, o quizás solo una confusión. Hubieron noches donde todo parecía un sueño. Emma no era tonta. Sabia que sus esperanzas nunca iban a suceder. Y para ser honesta, comprendió rápidamente que estaba mejor sola que con ellos.
El señor Robert habia rellenado todos los espacios vacíos de Emma. Bueno, quizás no todos. Pero habia tratado. Se habia esforzado, y le habia dado amor. ¿Qué más se le podía exigir a un ser humano más que su amor? ¿Qué otra cosa de valor podía ofrecer alguien?
-Quiero que se larguen- habia soltado la joven con repugnancia. Trataba de mantener una postura de falsa dignidad. Casi como si verlos de regreso no significara nada, como si no le afectara en nada. Porque a lado de estos dos sujetos Emma se sentía tan pequeña e insignificante. Ellos la hacían sentir enana y sin voz. Indefensa…
La mujer rio con cortesía -¿Pero qué dices mi niña…?
-No estoy bromeando.- y tanto la seriedad de su voz, como la falta de expresión de su rostro, le dejaron ver a la mujer algo diferente en Emma. En su hija. Habia cambiado. Vaya que lo habia hecho.
-Antes solo eras una tonta atrás de las faldas de tu mami- soltó ella con asco y osadía- ¿Qué? ¿me quieres recriminar por dejarte aquí?
-Fuiste más mujer que madre, felicidades- soltó ella sarcástica. De alguna forma, a veces, el sarcasmo, solía ser un mecanismo de defensa. Emma conocía bien la técnica.
-¿Por eso lo haces? ¿quieres vengarte?
-No se trata de venganza. No voy a casarme. Y mucho menos con…- su voz enmudeció.
¿Objeciones? ¡Claro! Podria rellenar paginas y paginas de ellas con eso. En especial si ese hombre era él.
Emma sacudió su cabeza
-No tienes alternativa-le dijo la mujer contundente
-Claro que la tengo- soltó ella en su propia defensa -mi respuesta para ti es un no.
-No puedes decir que no. Puede que a veces lo olvides, pero querida…-la mujer se extiende la manga de su camisa para dejar al descubierto aquella marca tan peculiar en su antebrazo – para tu mundo, esto es ley
Emma retrocedido un par de pasos sintiendo su boca seca.
Ella sacudió su cabeza una vez más y salió de la habitación sin decir una sola palabra más.
Robert no lo permitiría.
Su padre jamás lo permitiría. ¿Elegir su destino? ¿Por qué alguien se creía con este derecho? Ella no era una marioneta.
En todos los libros que leyó alguna vez, los finales jamás acababan así. Siempre estaba la protagonista fuerte que luchaba por marcar su propio destino. Y ella, no se consideraba débil.
Tenía que informárselo a alguien.
Reviso su celular, noto que su padre no estaba en la mansión. Pues habia agendado una reunión afuera. Pero sabia de alguien que si estaba. Y al parecer le habia dicho que estaría en su despacho.
Emma caminaba a paso rápido sintiéndose cada vez mas atrapada. Si alguien podía tener una solución quizás fuera el. Y considerando que Emma era alguien no de su mayor agrado, seguramente tendría un plan para acabar con todo esto. Ponerle un fin. Nadie mas contundente en el mundo que la palabra de Drew Smith.
Cuando abrió la puerta se sorprendió así misma por haberlo hecho sin siquiera tocar, eso no era propio de ella. Seguramente estaba fuera de control. Y pronto lo estaría aun más.
El chico sentado en el elegante escritorio de madera apenas reparo en ella, ni siquiera habia dejado de escribir cuando ella se sentó en la silla del frente.
-Tenemos que hablar
Oh, Oh. ¿Quién iniciaba así una conversación? Tal frase jamás podria traerle nada bueno al destino. Era como un mal augurio.
La voz de Emma hizo que Drew despegara los ojos del papel mientras la miraba intrigado -¿Hablar?
-¿No te has enterado?
Una de sus manos reposa en su barbilla, la serenidad en el cuerpo de Drew pone de nervios a Emma. Quizás ganas de darle un manotazo para que entienda el pánico que ella siente ahora.
-No estoy bromeando. ¿Sabes quien está en el salón de visitas en este momento?
-¿las visitas?
Emma frunce el ceño
Drew suspira -Vinieron esta mañana- le dice y para su sorpresa, el suena calmado -tus padres acordaron su venida. Mi padre no quería incomodarte, sabía que no te tomarías bien el regreso de ellos
-Ellos… no son mis padres- dijo ella entre dientes, era imposible para Emma no sentir fastidio hacia aquellos dos sujetos -jamás lo han sido. Nunca. Ni una sola vez en mi vida.
-De acuerdo- accedió el, y sus ojos azules parecían resplandecer a la luz de la lampara a su lado, -Entonces, ¿Cuál es el problema?
-H-han… han anunciado un compromiso.-sus hombros se hunden en la silla
-Emma…- hay cierto tono preocupado en su voz, mientras trata de estirar su mano para tocarla
- ¡Debemos hablar con nuestro padre! – declara ella mirándolo firmemente, y en un acto impulsivo levanta su cabeza rápidamente.
Drew retrae su brazo -¿hablar de qué?
-Han traído la propuesta de un matrimonio. -ella se levanta de la silla, parece histérica -¡Quieren casarnos! ¡A ti y a mí! ¡Es una locura!
-Oh… era eso.
-¡Si! ¡¿Qué se creen ellos?! ¿Acaso nadie les dijo…?- entonces sus reclamos se callan al comprenderlo.
Solo le basta mirarlo una fracción de segundos mas para que el mensaje le llegue -tu ya lo sabias.
Drew guarda silencio desde el otro extremo del escritorio
Se aclara la garganta – Tus padres hablaron con el mío, y me lo informaron.
-¿Y eso te parece bien? Es decir, seguro estas molesto con esto. Te estan obligando. Pero si nos unimos, no pueden forzarnos.
Drew niega – no funciona así. La voluntad de mi padre es ley
-No eres un robot, Drew. Tienes sentimientos. ¿Enserio quieres un matrimonio por contrato? ¿algo de conveniencia? ¿no aspiras un “felices para siempre”?- Drew hizo una mueca extraña por esa ultima pregunta
-Emma…
-¡¿acaso no quieres ser algún dia feliz por amor?!
-Emma, mantén la calma. -le pide, aunque Drew ya no puede fingir mas su actitud serena viendo a la persona que ha amado media vida en ese estado. Porque, aunque él lo oculte, la única mujer que ha estado en su cabeza todos estos años ha sido ella.
Su Emma.
Su brillante estrella dorada en el cielo. El único camino que el conocía para volver a casa.
-Entonces… sabias de esto…- Emma recuerda el incidente de esta mañana -lo sabias…
-Por eso volví de mi viaje de negocios, Emma. No puedes planear una boda desde tan lejos
El único objetivo real que ha sabido y tenido claro toda su vida ha sido ella. No sus millones, no sus negocios. Ha estado seguro de su amor desde siempre. Y claro que aspiraba a ser feliz algún dia por amor, con ella. Y solo con ella.
-Pero a ti no te importa. ¿Por qué? ¿Estás de acuerdo?
El asiente -estoy de acuerdo. Y mi padre cree que la idea es maravillosa
-Podríamos ser hermanos.-objeta ella
-Nunca lo fuimos
Emma se da por vencida, era su ultima carta. Apelar a su lazo inexiste de fraternidad fingida. Pero era cierto, no consideraba a Drew su hermano, ni siquiera cercano. Apenas y se conocían.
Ella niega – no puedes decirlo enserio… nuestra vida… ni siquiera me conoces…
-Mi padre cree que es lo mejor, nos ama a ambos, sabe que seremos buenos juntos. Y además, aumentaremos el patrimonio de nuestros bienes.
Emma suelta un bufido de burla -Sabes que nos casan porque ellos estan en bancarrota, ¿verdad? Las empresas estan por echarse a perder
-Lo sé- contesta el sereno – ya analicé las cuentas. Mucho despilfarro de dinero y recursos. Con un buen plan de acción, financiación, administración, y estrategia, lograremos salvar las empresas. Y al fin y al cabo, al final seremos nosotros quienes la heredemos
-¡Me importa una mierda esas empresas!
La sala queda sumida en un profundo silencio. A Drew le duele en parte el rechazo de esta idea viniendo de parte de Emma. Lo esta matando por completo.
-¿Puedes quedarte abierta a la idea?, un matrimonio no seria tan malo.
-¿Por eso fue lo de la salida de esta mañana? ¿conocernos mejor?- aun hay un tono de resentimiento en su voz
-Debemos conocernos mejor.
Esa parecía ser su mas brillante conclusión. Venga, que el tipo era todo un iluminado.
-No quiero un tipo de relación amorosa contigo.
-No te forzare a nada, Emma. – admite el
-¿Entonces romperás el contrato?
El duda – no es así de simple, no esta en mis manos.
-Es tu vida. Claro que está en tus manos
-Venimos de un legado mucho más grande que este, Emma. Y tu lo sabes.
Eso la enmudece
-Discúlpame por no haberte dicho sobre esto en la mañana, pero creía que sería mejor que lo supieras por la boca de tus padres.
Drew se levanta y se acerca a ella. Se desprende de su saco y se lo pone sobre sus hombros. -pasa buena noche, hablaremos en la mañana. -entonces el sale de su despacho, fingiendo que no tiene el corazón hecho pedazos.
En medio de la reciente oscuridad Emma se siente perdida, perdida a la deriva sin la protección de un libro como escudo, varada en un mundo que ahora cree desconocido para ella. Nunca le han gustado las situaciones donde no puede tener el control de nada. Al fin y al cabo, una vez más, ella se dio cuenta que nada en este mundo le pertenecía. Ni siquiera su propia vida.