Erick se sentía como un tonto. En su cabeza se comparaba con un asno. No estaba del todo lejos de la realidad. Y cuando la hora de salida del trabajo llego lo único que pudo hacer fue ver a la chica de ojos castaños marcharse sin siquiera mirarlo. El hecho de que lo ignorara era mucho peor que ganarse su odio. Al menos si lo odiara se tomaría la molestia de recordar su existencia, pero ahora… él era invisible, casi como si no existiera. No le gustaba el hecho de no existir. -Maldición… Un toque a la puerta llama su atención. Una chica pelirroja asoma -¿Vendrás hoy? -¿Tienes el interrogatorio? Su hermana asiente -Leo vendrá también. Una Onix de nombre Katherine nos interrogara. -En ese caso, no. -¿No? -tengo cosas en que pensar, y otras que hacer-dijo mientras se dirigió a los

