Dormí fatal.
Primero por el idiota de Ryder mandándome mensajes raros desde las sombras como si fuera Batman emocionalmente dañado.
Segundo porque me bloqueó.
Todavía me molestaba.
Muchísimo.
¿Quién demonios te llama psicópata, te deja agua y luego te bloquea?
Un enfermo.
Eso era Ryder Blackwood.
Bajé las escaleras con la mochila al hombro.
La mansión olía a café.
Y dinero.
Demasiado dinero.
Claire estaba en la cocina sonriendo demasiado temprano para ser humano.
—¡Buenos días, cariño!
—No deberían existir las mañanas.
Ella soltó una risa.
—Primer día en Lakewood High.
Eso sonó más amenaza que emoción.
Daniel leía algo en su tablet.
Ni levantó la vista.
—No causes problemas.
—Literalmente acabo de llegar.
—Precisamente.
Perfecto.
Jaxon apareció primero.
Sudadera gris.
Cabello despeinado.
Sonrisa de chico peligroso.
—Morning, pretty girl.
Rodé los ojos.
—¿Practicas esas frases frente al espejo?
—Sí. Dos horas al día.
Se sentó demasiado cerca.
Demasiado.
Siempre demasiado.
—Podría acompañarte al instituto.
—Podría sobrevivir sola.
—Qué aburrida eres.
Entonces apareció él.
Ryder.
Sudadera negra.
Auriculares alrededor del cuello.
Mirada de funeral permanente.
Ni buenos días.
Ni hola.
Ni respirar educadamente.
Solo me miró una vez.
Frío.
Luego agarró café.
Jaxon sonrió.
—Ashley va con nosotros.
Silencio.
Ryder bebió café.
—No.
—¿No qué?
—No conmigo.
—Oh Dios, ¿te da alergia mi presencia? —dije.
Me miró.
Un segundo.
Dos.
—Sí.
Idiota.
Claire suspiró.
—Los dos vais a llevarla.
Ryder dejó la taza.
—No soy chófer.
—Ryder.
Mandíbula tensa.
—Fine.
Y salió.
Sin mirarme.
Sin nada.
Subí al coche atrás.
Jaxon se sentó a mi lado.
Ryder delante.
Obviamente.
Porque compartir oxígeno conmigo debía dolerle.
El trayecto fue incómodo.
Muy incómodo.
Jaxon apoyó un brazo detrás de mí.
—Entonces… ¿novio?
—¿Qué?
—Pregunta básica.
—No.
—Perfecto.
—No significa nada.
—Para mí sí.
Ryder apretó las manos en el volante.
Lo vi por el espejo.
Mandíbula tensa.
Otra vez.
—Jaxon —dijo frío— cállate.
—¿Celoso?
Silencio.
El coche frenó fuerte frente al instituto.
Lakewood High.
Gigante.
Perfecto.
Intimidante.
Parecía un campus universitario de ricos traumados.
—Bienvenida al infierno —sonrió Jaxon.
Y salimos.
La gente miraba.
Muchísimo.
No a mí.
A ellos.
Especialmente a Ryder.
El chico caminaba como si el mundo entero estuviera debajo de él.
Nadie se acercaba demasiado.
Nadie.
Jaxon, en cambio, saludaba a medio instituto.
Chicas.
Chicos.
Profesores.
Todo el mundo.
—¡Jax!
—¡Bro!
—¡Party Friday!
—Later!
Yo apenas seguía el ritmo.
Hasta que alguien me chocó el hombro.
—Mira por dónde vas.
Rubia.
Perfecta.
Cara de villana de serie adolescente.
Me miró de arriba abajo.
—Nueva.
—¿Se nota?
Rodó los ojos.
—Mucho.
—Qué amable.
Jaxon apareció detrás de mí.
—Hey, Madison.
La chica cambió la cara al instante.
—Jax…
Oh.
De esas.
Él pasó un brazo por mis hombros.
—No molestes a Ashley.
Ella me miró raro.
Muy raro.
Como si acabara de romper una regla invisible.
—¿Ashley? —repitió.
—Sí.
—Oh.
Su cara empeoró.
Muchísimo.
Jaxon sonrió.
Peligroso.
Y antes de que pudiera reaccionar—
Besó mi mejilla.
Ahí.
Delante de todo el mundo.
El pasillo entero.
Mi cuerpo se congeló.
—¿Qué haces? —susurré.
Él sonrió.
—Marcando territorio.
MI BOCA SE ABRIÓ.
—¿QUÉ?
Risas alrededor.
Susurros.
Miradas.
Mierda.
Entonces lo vi.
Al otro lado del pasillo.
Ryder.
Junto a las taquillas.
Quieto.
Mirándonos.
Sus ojos bajaron a la mejilla donde Jaxon me había besado.
Después al brazo sobre mis hombros.
Silencio.
Su mandíbula se tensó.
Una vena en el cuello.
Puño cerrado.
Y de pronto—
BOOM.
Golpeó la pared.
Tan fuerte que varias personas saltaron.
Silencio total.
Nadie dijo nada.
Nadie.
Ryder simplemente giró.
Y se fue.
Como si nada.
Mi corazón hizo algo raro.
Muy raro.
—Wow —murmuró alguien—. Está enfadado.
—¿Por qué ha hecho eso? —pregunté.
Jaxon sonrió lento.
—Quién sabe.
Mentiroso.
Las clases fueron horribles.
Todos sabían quiénes eran los Blake.
Todos.
Y aparentemente ahora también sabían quién era yo.
La chica nueva.
La que estaba entre los hermanos.
Perfecto.
A la hora del almuerzo fui al comedor.
Sola.
Porque Jaxon desapareció.
Y honestamente mejor.
Me senté lejos.
Con una botella de agua.
Sin comida.
No tenía hambre.
Las mesas estaban llenas.
Miradas.
Susurros.
Perfecto.
Escuché una silla moverse.
Alguien dejó una bandeja frente a mí.
Hamburguesa.
Patatas.
Zumo.
Parpadeé.
Levanté la vista.
Ryder.
—¿Qué es esto?
Silencio.
Ni me miró.
Se giró.
—¿Ryder?
Se detuvo.
—Come.
Y se fue.
Eso fue todo.
Ni explicación.
Ni nada.
Solo desapareció.
Como un maldito fantasma enfadado.
Miré la comida.
Mi pecho hizo algo raro otra vez.
Odiaba eso.
Muchísimo.
Una sombra cayó frente a mí.
Levanté la vista.
La rubia del pasillo.
Madison.
Y dos amigas.
Sonrisa falsa.
—Así que tú eres la nueva.
—Ya hablamos esta mañana.
—Escucha…
Miró hacia donde se había ido Ryder.
Luego a mí.
Sonrió peor.
—¿Eres la nueva puta Blake?
Silencio.
El comedor entero parecía escuchar.
Mi sangre hirvió.
Lento.
Caliente.
—¿Perdón?
—Primero Jaxon.
Ahora Ryder te trae comida.
Qué eficiente.
Las amigas rieron.
No pensé.
Solo actué.
Agarré mi zumo.
Y—
SE LO TIRÉ ENTERO ENCIMA.
Silencio absoluto.
El comedor se congeló.
Madison gritó.
—¡¿ESTÁS LOCA?!
Me levanté.
—Llámame puta otra vez.
Su cara era puro odio.
Detrás de ella alguien se puso de pie.
Alto.
Frío.
Peligroso.
Ryder.
Sus ojos fueron del zumo…
A Madison.
Después a mí.
Mandíbula tensa.
Y por primera vez…
Juraría que casi sonrió.
Pero entonces Madison señaló mi cara.
—¡ESTA PSICÓPATA ME HA TIRADO ZUMO!
Ryder metió las manos en los bolsillos.
Frío.
—Te lo merecías.
El comedor entero se quedó en shock.
Mi corazón se detuvo.
Madison abrió la boca.
Ryder ni la miró.
Solo me observó a mí.
Dos segundos.
Tres.
—Good aim.
Y se fue.
Mi corazón hizo algo peligrosamente estúpido.