Patrick deja las cosas sobre la mesa, suelta el nudo de su corbata y espera que entre Roger. Las ganas de arrepentirse estaban muy presentes, pero también el espíritu competidor y las ganas de poder tener lo que desde el principio se merecía, sobresalen.
La puerta se abre, Roger entra con una sonrisa y el contrato entre sus manos.
—¿Lo firmó?
—Sí, sin ningún problema. ¿Cómo cambiaste de decisión tan fácil? Habías dicho que ella no era la indicada.
—Tienes razón, es una mujer medianamente presentable y encaja conmigo. Adicional, no tengo tiempo. ¿Le diste la información que debe aprenderse?
—Sí, aunque por su rostro se notaba que estaba un tanto abrumada.
—Por lo visto, no le importa nada con tal de conseguir dinero y eso de una u otra manera me conviene. Solo espero que llegue enero para acabar con esta farsa y ocupar el lugar que me corresponde, pero sobre todo para poder dejar de tener contacto alguno con esa mujer.
—O… para casarte de verdad.
—¿Por qué dices tantas ridiculeces?
—No es ridículo, es optimismo. Tal vez ella sea la mujer que te pueda quitar tanta amargura, que pueda hacerte creer de nuevo en el amor.
—Escúchame bien, jamás me meteré con una mesera con ínfulas de actriz.
—Nunca digas jamás, porque el destino te puede voltear las cosas.
—A veces me pregunto como alguien como yo puede ser amigo de alguien como tu. En verdad no puedo comprenderlo. —Roger levanta sus hombros y decide salir cuando Patrick señaló la puerta con su rostro.
Patrick se sienta para comenzar con la fila de trabajo que tiene, tenía que valer la pena aquel esfuerzo.
El fin de semana llegó más pronto de lo que ambos pensaron. Sara había estudiado cada línea de la información que Roger le había entregado. Se había salido del bar y ahora estaba a tiempo completo disponible para Patrick, como lo decía el contrato.
Ella se puso de pie, tenía que arreglarse para encontrarse con él, hoy empezaba la función y tenía que hacerlo muy bien.
Ella abrió su closet y miro la ropa que tenía, claramente no tenía nada presentable para presentarse ante una familia tan poderosa. Ella se puso lo primero que encontró y se maquilló. En ese momento, la puerta de su casa sonó, ella se puso de pie y fue a abrir.
—¿Quién llegó hija? —La madre de Sara grita desde su habitación—. Si es tu hermano dile que se me olvidó pedirle algo, que debe volver al mercado.
—Ok mamá.
Sara abre la puerta y cuando ve a Patrick siente como su rostro se pone completamente rojo.
—¿Qué hace aquí?
—Es su casa ¿me equivoco? —él responde con naturalidad.
—Sí, pero ¿cómo sabe en donde vivo?
—No voy a meter a una desconocida a mi casa, a mi familia sin saber nada. Obvio que averigue una gran parte de su vida.
—Hija ¿es tu hermano?
—No mamá —Sara grita empujando a Patrick afuera—. Es el del periodico.
Patrick cruza sus brazos, está haciendo todo lo posible para controlarse, para no gritar a esa mujer.
—Usted no tiene porque estar aquí, en ningún momento quedamos en eso.
—No se equivoque, usted firmó un acuerdo conmigo, sin contar que le estoy dando una gran cantidad de dinero por esto, así que técnicamente tengo derecho de contar como quiera con su tiempo.
—Pero no a este extremo. Mi familia no puede saber de esto. —Sara miró hacia atrás—. Está bien, iré por mi bolso y salgo.
Patrick la mira de arriba a abajo con mala cara.
—¿Piensa ir así?
—Sí. ¿Acaso ve algo malo?
—Sí, es inapropiado.
—No, no lo es. No llevo escote ni tampoco llevo prendas cortas.
—Eso parece una pijama.
—Es un conjunto navideño —dice ella con una sonrisa—. Roger me comentó que esto sería solo por navidad, entonces quise que se viera más realista.
Patrick tenía su boca abierta, el desconcierto que sentía era proporcional a las ganas de acabarla.
—Está bien, iremos a mi casa y allá se pondrá algo decente. No la pienso llevar a casa de mi abuelo así. ¿Tiene un abrigo o también debo darle uno yo? —Sara ríe con ironía.
—Si quiere también puede darme ropa interior, no suelo usarla —ella responde con una sonrisa—. Puede esperarme dentro de su carro, ya salgo.
Ella dio media vuelta colocando una mala cara… todo esto es por su mamá, por ella aguanta el trato tan desagradable de su jefe.
Sara entra a su casa, toma su bolso, su abrigo y va hasta donde su mamá.
—¿Te vas?
—Sí, debo grabar una escena.
—Mi amor, no tienes idea lo orgullosa que estoy de ti… Serás una gran actriz, tal como tu padre lo quería. —Sara se agacha y le da un beso.
—Lo único que me interesa es que te sientas muy orgullosa de mí, de resto nada más me interesa.
—Ya lo estoy.
—Deje algo de dinero sobre la mesa, dile a mi hermano que cenen rico. Llegaré tarde.
Sara la mira antes de salir, su mamá se siente orgullosa y eso solo le da más fuerza para poder ser grande.
Al salir, ella se sube al carro, Patrick sin mencionar alguna palabra acelera. Se detienen en uno de los edificios más exclusivos de la ciudad, ella mira con asombro la cantidad de lujos que hay en el lugar.
Suben hasta el penthouse, Patrick se detiene y la mira.
—Compre ropa, debe tener algo aquí para que los demás crean que vamos en serio. Tome algo de eso y se viste para irnos.
—Pero ¿por qué compró ropa? ¿no cree que es algo innecesario?
—No, no es innecesario con lo que vi hoy. Adicional debería tomarlo como dotación. Le aseguro que no pienso descontarlo. Entré, su ropa está en la habitación de invitados.
Sara da media vuelta, mira con asombro todo a su alrededor, teme tocar algo porque seguramente no le alcanzará la vida para poder pagarlo.
Al entrar a la habitación, queda deslumbrada… era incluso más grande que todas las habitaciones juntas de su casa. Sara abrió el armario y su boca al tiempo, todo era ropa de diseñador, hermosa y sumamente perfecta.
Sara toma algo de ropa y se viste, no quiere tardar más de la cuenta. Al mirarse al espejo sonríe. Se siente como esas protagonistas cuando dan un giro en la trama y cambian de look.
—¿Será que ya está lista? —él toca la puerta. Ella abre y con sus manos abiertas se señala.
—¿Y bien? —Patrick la escanea, pero su rostro es inexpresivo, es difícil detectar lo que piensa o siente.
—¿Y bien qué? no esperaba menos de la ropa.
—Si tiene razón, olvide que usted no puede mirar más allá de sus narices.
—¿Quiere que la halague, que le diga que se ve hermosa, perfecta? —ella cruza sus brazos—. Eso no va a suceder, porque usted solo es mi empleada y a mis trabajadores no los veo con otros ojos.
—Sí, ya me quedó claro porque no tiene novia. Es que quien podría aguantarlo. —Ella pasa por el lado de él, dándole un leve empujón.
Salieron de allí y él condujo hasta una lujosa calle, en donde las casas no necesitaban tener un letrero de “tenemos mucho dinero” porque los lujos eran abrumadores.
—Estoy segura que si estas personas dan al menos una parte de su dinero, se acaba el hambre mundial —dijo ella sin pensarlo. Patrick carraspea con su garganta.
—Debería concentrarse en lo que verdaderamente es importante. ¿Lista? ¿Estudio todo?
—Sí jefe. —Él rueda sus ojos.
—Perfecto, entonces vamos.
Él se detuvo en frente de una casa extravagantemente grande. Miró a Sara dándole una mirada cargada de advertencia.
—Deberíamos tratarnos con menos formalidad, porque si tenemos una relación estable, deberíamos comportarnos como tal.
—Tiene razón.
Él baja del carro y le estrecha la mano para que entren tomados de las manos.
—¿Lista?
—Que empiece la función.
Ella lo toma de la mano, caminan unos cuantos pasos hasta que alguien abre la puerta.