El ambiente en aquella casa se sentía tenso. El aire se sentía tan filoso como la hoja de una navaja, como si en cualquier segundo cortaría a todos en rebanadas. La situación cada día empeoraba volviendo a todos locos, llevando al límite de la locura ha Asmodeo. —¿Cuándo vendrás? — cuestionó Asmodeo a la persona tras el teléfono —La situación aquí está echa mierda cada día, Marcus — el pelinegro tocó el puente de su nariz con frustración —Esta bien. Cuídate hermano, si sí, te avisaré. Asmodeo colgó. Dio una respiración profunda como si se contuviera de toda la furia que quería sacar. —¿Qué te dijo? — pregunto Alek, uno de los trillizos. —Marcus no podrá venir. Está resolviendo unos asuntos importantes con la chica está. Helena — Marcus era la mano derecha de Asmodeo y su mejor amigo.

