Manos a la obra con “El plan”

3106 Words
Unos minutos más tarde, mientras estaba sudando en el porche de Paula, Freddy emergió de la oscuridad con una maleta de algún tipo y una bolsa de lona. De la bolsa sacó un artilugio que le permitió abrir el cerrojo de Paula en cuestión de segundos. ¡Wuao! Parecía todo un experto.   El hombre definitivamente iba a tener que dar algunas explicaciones cuando todo esto terminara.   Me entregó una pequeña linterna, con una figura algo extraña, de la bolsa de lona. —Tan pronto como entremos—, susurró, —quiero que encuentres a Paula, pero no dejes que diga nada. Llévala al baño. Dado que estamos tratando con un loco especializado y no con el pervertido de tu variedad de jardín, ese es el lugar con menos probabilidades de ser molestados. Si está oscuro, usa esta luz de linterna para mostrarle a Paula tu rostro—. Me dijo Freddy con todos los detalles.   Levanté mi papel y susurré: —Usaré la luz para mostrarle esta nota que escribí—.   —Buena idea. Espero que lo hayas impreso. Ella nunca podría leer tu letra—. Me dijo Freddy, de verdad él sabía lo fea que tenía mi letra y que casi nadie la entendía.   — ¡Lo imprimí! Imbécil. — le respondí. Tampoco todo lo podía hacer tan mal.   Giró el pomo y empujó la puerta. Pero, pasó algo. La puerta se atascó. Por un momento todos mis pensamientos se desvanecieron y me sentía ya descubierta por el maleante de Larry. Por un momento tuvimos varios pensamientos, pero teníamos que pensar cómo abrirla rápidamente. Me imaginé haciendo algunos pasos para abrirla, o tal vez para decirle a Freddy cómo hacerle para abrirla. Recordé que mi papá una vez me dijo cómo hacer si una puerta se me quedaba atascada, qué era lo que tenía que hacer; por lo general muchas manillas o pomos tienen seguros o pestillos para puertas que se desbloquean desde el exterior, pero este no era el caso de la puerta en la casa de Paula. Puede ser que la puerta de Paula este oxidada o desgastada porque por lo general eso puede suceder. Pero esto era sencillo de detectar ya que tiene un aspecto un tacto y hasta un olor ha oxidado que se puede notar a lo lejos, pero el problema era que estábamos a oscuras, ni con la linterna en mano podíamos distinguir este problema.   Freddy suspiró. —Este es un mal momento para que Paula sea aún más cautelosa—.   Pero Freddy como eran tan buen pensador, con destreza quitó el vidrio de la pequeña ventana, metió la mano en el interior y apartó la obstrucción, una silla de cocina, y luego abrió la puerta. Algo tan sencillo como eso, que no pensé en ningún momento por hacer eso.   La casa estaba a oscuras. Paula debe haberse ido a la cama. No es de extrañar ya que eran cerca de las diez y teníamos que estar en el trabajo a las cuatro de la madrugada.   Me quité la sudadera caliente y la tiré sobre la silla que anteriormente había bloqueado la puerta. No pensé que una figura con capucha negra en su casa en medio de la noche inspiraría confianza en Paula. Además, hacía calor. Trate de observar en medio de la oscuridad por todas las esquinas de la casa, pero no noté nada extraño.   Subí de puntillas las escaleras, encogiéndome cada vez que una de las tablas crujía. Las casas viejas hacían ruido, me dije. Alguien que escuchara desde el otro lado de la calle nunca equipararía los sonidos irregulares con pasos. Pero todavía me encogía con cada uno. Y es que Paula no había pensado en cambiar el piso de las escaleras.   La puerta del dormitorio de Paula estaba abierta. Ella siempre dormía de esa manera para poder escuchar a Zach si lloraba. O por si Zach decidía hacer un salto desde su cuarto hasta el cuarto de su mamá tuviera facilidad para entrar. Quizás también fue para escuchar a un posible intruso. Ya que las tablas de la escalera se podían escuchar crujir Paula no dudaría en pegar un brinco si lo notara.   Me quedé de pie por un momento con la espalda contra la pared tratando de encontrar la mejor manera de hacer esto. Dudé que estuviera dormida tan pronto después de una noche tan traumática, pero tenía miedo de susurrar su nombre después de la advertencia de Freddy. Me quedé un rato parada observando la habitación, observando el pasillo. Y mirando a su vez al cuarto de Zach. Por un segundo pensé cómo un niño tan pequeño podía estar pasando por tan loco momento. Un niño indefenso y sin saber nada de lo que estaba pasando.   Me acerqué mucho más a la puerta y me sorprendió ver que las cortinas de la ventana delantera estaban abiertas unos centímetros y las persianas abiertas. Por la tenue luz que entraba, noté que la cama de Paula estaba intacta. Ella se sentó en una silla mirando por la ventana. Alerta. No iba a ser fácil. Así que no estaba en la cama dormida. Y es que pensar que en cualquier momento pudiera entrar a la casa algún intruso era para no dormir. Y es que ya no tenemos lamentablemente motivos para sentirnos seguras en casa. Por una parte es bueno que Paula no haya tenido alarma, ¿se imaginan? Todo estuviera sonando, aunque al estar con Freddy todo era distinto porque ya hubiese solucionado.   Así que me decidí, entre y encendí la linterna, iluminé mi nota con el haz de luz y entré en su habitación.   En el espacio de un suspiro, se levantó de la silla y cargó a través de la habitación hacia mí, la hoja de un cuchillo muy largo y muy brillante brillando en una mano levantada. Dejé caer mi nota y la linterna y agarré su brazo con ambas manos, deteniendo ese cuchillo en medio de la inmersión. Soy más grande que ella y más fuerte por todo ese chocolate, pero ella tenía la adrenalina del pánico de su lado. En realidad, mi adrenalina también estaba subiendo bastante bien en ese momento. Me sorprendió... y agradecí... que no gritara. Probablemente no quería asustar a Zach. Siempre la madre por excelencia. Resguardando a su cachorro.   Después de luchar durante una hora o unos segundos, dependiendo de si medía en tiempo real o en tiempo percibido, su mirada se posó en mi rostro y aparentemente había suficiente luz en esa ventana para que ella me reconociera. Dejó de luchar y abrió la boca como si fuera a hablar. Le tapé la boca con una mano y le susurré muy suavemente al oído: —No digas nada, eso puede ser muy peligroso—. No mantuvimos por unos instantes en esa posición.   Sus ojos escanearon mi rostro como si no estuviera segura de sí debería confiar en mí o no, pero finalmente asintió. O no tenía más opción.   Recuperé mi luz y mi nota brillantemente concebida, completamente inútil del piso, tomé su mano y tropezamos y caminamos a través de la oscuridad silenciosa de la casa hacia el baño al final del pasillo. Cerré la puerta detrás de nosotros y ambas nos quedamos de pie por un momento respirando profundamente. Como si nos estuviéramos escondiendo de alguien, bueno, en realidad era eso  lo que hacíamos.   Paula encendió el interruptor de la luz y jadeé de horror ante esa acción. Ahora estaba paranoica, y no quería que nada saliera mal. El baño estaba en la parte trasera de la casa y solo tenía una pequeña ventana que estaba cubierta por mini-persianas y una cortina pesada como el resto de sus ventanas. Las probabilidades eran mínimas de que alguien pudiera ver la luz, pero en ese momento, no pensé que pudiéramos contar con probabilidades mínimas a nuestro favor. Trate de mirar por la ventana pero todo estaba oscuro allá afuera por esa ventana que daba a la parte trasera de la casa.   Me ordené calmarme y pensar racionalmente. Alguien que iba al baño en medio de la noche no era un comportamiento sospechoso. Podríamos dejar la luz encendida con seguridad durante unos minutos.   Hice un movimiento de escritura en el reverso de mi estúpida nota, y Paula asintió con la cabeza, luego abrió un cajón y sacó un lápiz de cejas. Gracias a Dios que se había coloreado las cejas más oscuras y no las había aclarado más. Sería difícil escribir con un bolígrafo con lejía.   Me senté en el suelo y escribí que le había contado todo a Freddy. Le di algunos detalles sobre lo que habíamos planeado y lo que podría pasar si no actuábamos rápidamente.   Dejó el cuchillo en el tocador, se sentó a mi lado, leyó mis palabras y me miró. Me di cuenta de que estaba un poco molesta por la forma en que trató de quitarme el lápiz de cejas, pero, como mencioné, soy más grande que ella. Seguí escribiendo, diciéndole que Freddy estaba buscando los insectos que sospechábamos que estaban en su casa y que pronto se uniría a nosotros, pero teníamos que estar todos callados hasta entonces, cualquier error podría costarnos la vida incluso la vida del pequeño Zach.   Se quedó muy quieta y finalmente le entregué el lápiz. Me miró fijamente durante un largo rato antes de tomarlo y escribir: “¡Tengo que salir de aquí ahora!”. Por suerte la letra de Paula era tan clara y precisa que le entendí todo lo que escribió.   Afortunadamente, en ese momento Freddy abrió la puerta y se unió a nosotras. Tenía algún tipo de aparato electrónico, presumiblemente de su maleta. Apuntó con una varita por toda la habitación y comprobó el dial del dispositivo. ¿Un detector de errores? Freddy tenía un equipo bastante sofisticado para un nerd de las computadoras y un aficionado al cine. Sus equipos se veían bastante bien, además estaban como nuevos.   Finalmente se sentó en el taburete del inodoro. Y nos miró fijamente.   Tuve que contenerme para no reírme de la incongruencia... Freddy con toda su dignidad y obsesión, se mantuvo firme en el taburete del baño mientras Paula y yo nos sentamos a sus pies. Para de esa manera escuchar lo que Freddy tenía que contarnos.   —Esta habitación está limpia—, dijo en voz baja, —pero encontré una debajo de tu cama y otra debajo de la mesa de café en la sala de estar—. Ya había recorrido varias partes de la casa.   — ¿Te deshiciste de ellos? — Aunque habló apenas por encima de un susurro, pude escuchar el pánico en la voz de Paula. Asombrada por los detalles de Freddy en relación a los insectos que había encontrado.   —No. Eso lo alertaría. Tenemos la ventaja siempre que él no sepa que sabemos que te escuchó contarle a Lisa sobre él y hacer planes para irse de la ciudad—. Freddy dijo muy seguro de lo que estaba diciendo. Podíamos ver un rostro seguro y angustiado.   Paula jadeó. — ¡Él sabe que planeo irme de la guardería! ¡Me seguirá! —. Probablemente ya habría hecho eso anteriormente de seguirla y ella ni cuenta se había dado.   —Lo que significa que no puedes hacerlo—, le dije, aliviada de haberla dejado fuera del camino.   —Entonces me iré antes del trabajo—. Para una persona tímida, Paula seguro que puede ser terca.   —No te vas, no puedes hacerlo hasta que nosotros te lo digamos, debemos estar seguros del día la hora y a qué lugar te vas a ir—, le dije.   —Hemos pasado por esto antes. Pensé que habías entendido que no tengo otra opción—. Me dijo Paula angustiada. Y era entendible para una persona angustiada podría ser frustrante no poder hacer las cosas rápidamente.   —No, acabo de entender que podría estar de acuerdo contigo hasta que descubra cómo cambiar de opinión—. Le repliqué.   —Freddy, lo entiendes, ¿no? Verás que no tengo más remedio que esconderme de este hombre—. Paula miró fijamente a Freddy, quién movía la cabeza de un lado a otro.   —No puedes correr y esconderte el resto de tu vida—, respondió Freddy. —Tenemos que deshacernos de él, debemos buscar otra salida—.   —Buena idea. — Saqué el cuchillo de Paula del tocador y se lo entregué a Freddy. Podría ser una buena señal de lo que debíamos hacer.   —Lisa, a veces me preocupo por ti. Paula, cuéntame todo lo que sepas de tu suegro. Necesitamos encontrar el punto débil de este tipo—. Ya venía Freddy con algún plan entre manos. Le había dado chance de pensar rápidamente.   Paula le contó a Freddy lo que me había dicho. No había mucho para continuar. Larry, al igual que su hijo, mantuvo una perfecta personalidad pública como m*****o destacado de la comunidad. Trabajó para una empresa de transporte, fue diácono en la iglesia, m*****o de varios grupos cívicos locales y pagó sus impuestos a tiempo. Su única excentricidad era un talento bien escondido para golpear a su esposa, cosa que no muchos sabían, pero que era seguro que en algún momento todo se iba a descubrir, tarde o temprano todo saldría a la luz y no tendría escapatoria.   —Voy a investigar un poco—, dijo Freddy. —Mientras tanto, tenemos que diluir la urgencia de la situación—.   Puse los ojos en blanco. —Sí, justo lo que estaba pensando. ¿De qué estás hablando? — —Esta noche Larry se encontró con dos factores de estrés. Primero, escuchó a Paula contándole a alguien más sobre él. En segundo lugar, la escuchó hacer planes para irse de la ciudad mañana. Estos factores podría empujarlo a hacer un movimiento para el que no estamos preparados. Pero debemos salir delante de Larry—.   — ¿A diferencia de una mudanza para la que estamos listos? — Yo pregunté. Freddy me ignoró. —No podemos hacer nada con el primero, pero podemos usar su propio dispositivo para convencerlo de que no se va a ir de la ciudad. Lisa, volverás a tu casa por la puerta trasera, te pondrás ropa normal y luego llegarás a la puerta principal de Paula. Ella te dejará entrar y ustedes dos se pararán cerca de la mesa de café mientras tienen una conversación en la que convences a Paula para que se quede—. Se puso de pie como si todo estuviera arreglado y solucionado.   Paula se puso de pie de un salto. —Pero... —   Esperé a que ella terminara su objeción. Estuve de acuerdo con ella en teoría, aunque no pude encontrar una razón lógica por la que no deberíamos llevar a cabo el plan de Freddy o una alternativa lógica. Seguramente no tenía la respuesta en ese momento tan rápido como Freddy pero hacía el intento de pensar por lo menos en alguna otra salida.   Paula tampoco pudo. Ella no terminó su oración.   —Mañana—, dijo Freddy, —instalaré una barra removible en las puertas delantera y trasera que se trabe en una ranura a cada lado cuando estés dentro de la casa. Todavía podría romper una ventana, pero eso significaría dejar evidencia de un robo, y ha tenido cuidado de no hacerlo hasta ahora. Ah, y mañana arreglaré tu ventana trasera—.   — ¿Mi ventana trasera? —. Paula no sabía lo que le había sucedido a la ventana de su casa y por la que habíamos entrado, ya que su puerta quedó atascada.   —Tuve que desmontarla para entrar—. Le contestó Freddy subiendo sus hombros.   —Lo rompió, que es otra cosa distinta a la que está diciendo—, aclaré. —Le puse un poco de cartón y cinta adhesiva para esta noche—. Replicó Freddy, haciéndole ver a Paula que no tenía nada por lo qué temer ya que todo había quedado arreglado hasta ese momento.   — ¿Rompiste mi ventana y pusiste cartón y cinta adhesiva sobre ella? ¡Larry podía bailar el vals en cualquier momento que quisiera! —. Dijo Paula no muy segura de estarse tranquila con esa solución de Freddy momentánea.   —Planeo pasar la noche aquí—, dijo Freddy. —Dormiré en el sofá, y si entra alguien, lo sacaré—. Apuntó Freddy. ¿Sacarlo? No pensé que quisiera decir que llevaría al hombre a cenar o algo así.   Freddy y yo estábamos muy atrasados para charlar sobre sus extrañas habilidades. Teníamos que actuar casi de inmediato. Hacer lo del plan de Freddy era lo más lógico que teníamos por el momento.   Paula fue a su dormitorio y Freddy y yo bajamos las escaleras, esta vez las escalera no sonaron tanto como cuando las subí al comienzo sin querer hacer ruido. Quería hacerle algunas preguntas, pero me di cuenta de que no me atrevía a hablar por ese maligno micrófono debajo de la mesa de café. Debía ser prudente ante semejante descubrimiento.   En la puerta de atrás, me estiraba de puntillas, agarré la oreja de Freddy y susurré: —Cuando esto termine, me dirás acerca de tu PHD en B&E—. Por fin le dije.   Se inclinó cerca de mi oído y pensé que finalmente obtendría algunas respuestas.   —Tal vez—, susurró. Y fue lo único que dijo. Freddy y su manera de responder.   ¡Hombres! Dios solo los puso en la tierra para que las compañías farmacéuticas tuvieran un mercado para Prozac y Valium. Definitivamente los hacía ver diferentes. Sin duda que tenía que apresurarme para llevar a cabo el plan. Teníamos poco tiempo. Además no sabía con qué me podría encontrar en el camino a casa, por más cerca que estuviera probablemente habría algo que se me atravesara y eso iba a arruinar todo.   Así, que me puse mi sudadera negra que había dejado en la silla, y allí seguía, e hice el viaje de regreso a mi casa, echándole un ojo por última vez a la ventana pero esta vez más de cerca, luego seguí caminando por la sala de la casa y viendo para todos lados, podría ser que entre la oscuridad de adentro y la medio luz que venía de afuera lograra ver algo extraño, pero no pasó nada fuera de lo normal. Seguidamente pasé por la puerta dañada que ya Freddy había logrado abrir y a través de la oscuridad y la selva de mi propia jungla me fui a casa.
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